Cómo cultivar un viñedo medicinal

No hace mucho tiempo que las propiedades fermentativas de la uva se utilizaban para conservar en vino las propiedades medicinales de las plantas. Los vinos “cordiales” fueron muy empleados por la medicina en una época en la que los montes y espacios naturales eran mucho más prolíficos en plantas aromáticas y medicinales. Hoy debemos mantener e incrementar el valor de las medicinas naturales y sus virtudes, las cuales son muy a menudo injustamente cuestionadas. Por otro lado el cultivo tradicional y sostenible de la uva se pierde cada día en una vorágine de viñedos emparrados, máquinas de vendimiar y precios tan vergonzosos que aún se miden en pesetas. El viñedo medicinal sería un novedoso sistema de integrar dos tradiciones aparentemente disociadas: la uva y la medicina natural. La viña como recurso y el vino como bebida sagrada.

El matorral es un ecosistema similar al bosque, pero más abierto, con una vegetación más arbustiva que arbórea. La viña se presta perfectamente como base para imitar este entorno. Para ello tendríamos que transitar el monocultivo de la uva a un modelo permacultural comenzando, por ejemplo, por estos puntos:

1 – Primeramente debemos de cuestionarnos la cantidad de vino que producimos y consumimos; creo que nos excedemos en ambos casos. Conocer y tomar infusiones de plantas es una solución sencilla para cuidar la salud y reducir el consumo de alcohol. Pero para ello sería necesario producir más de estas plantas.

2 – Podemos comenzar reponiendo las cepas secas con romeros y lavandas, o macizos de tomillo y orégano. Otra forma de acelerar la transición es seleccionar algunas cepas para arrancar y llevar a la leñera. En estos espacios (o en cualquier otro) podemos sembrar helicriso, salvia, ruda, lentisco, madroños, enebros o cipreses.

3 – En laderas erosionadas, en las que la tierra fértil se ha ido hacia el mar y solo quedan piedras, podemos amontonar estas piedras colocándolas sobre las lineas clave, la materia orgánica acabará recubriéndolas y reteniendo el agua de lluvia. Del mismo modo que la encina sería el árbol autóctono base para un bosque comestible mediterráneo, su versión arbustiva, la coscoja, podría suplantarla en un ecosistema estepario. Ajos, alcachofas, chumberas, escaramujos, esparragueras, espartos, granados, laureles, majuelos, madreselvas, membrillos, agaves o zarzamoras son otras muchas de las plantas que podríamos incluir.

4 – Siempre trabajando en condiciones religiosamente ecológicas, sin insumos químicos y reduciendo todo lo posible el uso del arado (ver Técnicas de No-Laboreo). Podemos usar la desbrozadora manual o aprovechar el marco cuadrado para pasar la desbrozadora mecánica con el tractor. Tras la vendimia, las ovejas, vacas o caballos pueden podarnos gran parte de la vid, controlar la hierba y abonar el suelo hasta la primavera.

5 – (Puede que esta idea resulte algo descabellada, pero no es la primera idea descabellada entre estas lineas así que ahí va): Del mismo modo que los Microorganismos Efectivos actúan de forma beneficiosa para el cultivo incrementando, en el proceso de fermentación, el número de microorganismos regenerarivos frente a los patógenos; este mismo principio podría trasladarse a los microorganismos naturales de la viña y fumigar con vino. Activado si lo hacemos en plena fermentación, maduro si ya es crianza. Ahí queda eso…

6 – Desde luego que seguiríamos teniendo el suficiente mosto como para elaborar nuestros vinos. Pero no los típicos vinos de mesa, no; para comer mejor con kombucha. Elaboraremos vinos medicinales que servirán para conservar las propiedades de las plantas por más tiempo y hacer que sus componentes sean más biodisponibles en nuestro organismo. Así, podemos añadir a la fermentación del vino una abundante cantidad de hojas de tomillo, hisopo y semillas machacadas de hinojo para obtener un vino con propiedades anticatarrales; o ajenjo, hierba Luisa y manzanilla para conseguir un vino digestivo; o flores de lavanda, amapola y marihuana para tener un vino que nos calme los nervios y nos combata el insomnio.

Un comentario sobre “Cómo cultivar un viñedo medicinal

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  1. Tus artículos son una caricia para el alma. No sólo están bien pensados y plasmados, si no que los escribes de forma que invitar a pasear por Utopía (en el mejor sentido de la palabra, entendida como aquel lugar soñado en el que todos pensamos cuando emprendemos un proyecto). Te conocí una vez hace años, en el Val de Laguart y te recuerdo como un duende, con tu sombrero de esparto al mejor estilo Gandalf. ¡Enhorabuena por la inestimable labor que haces con estos artículos!

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