Un método de lo más sencillo y potente en cuanto a agro-ecología se plantea. Y es precisamente su sencillez lo que más desconcierta. Pero tan solo debemos usar la lógica “bio-lógica” para entender que la agricultura sinérgica es la forma más fácil, natural, económica de cultivar y de producir alimentos sanos. A continuación te explicare las claves de lo que es la agricultura sinérgica.
La francesa Emilia Hazelip, nacida y criada en Barcelona, se daba cuenta ya en su niñez que «los adultos no tenían idea de lo que hacían en cuanto a la agricultura. La tierra de los campos españoles era horrible: reseca, árida y sin vida«1. Durante toda su vida investigó formas armónicas de trabajar la tierra, heredando las bases de la agricultura del no-hacer del sensei japonés Masanabu Fukouka. Pronto se interesó y estudió la filosofía de la permacultura que Holmgrem exponía, defendiendo sus bases y principios de diseño como un modelo sumamente eficaz para un crecimiento social sostenible. Finalmente propuso su sistema agrícola, el cual comenzó a popularizarse años antes de su muerte en 2003; lo denominó agricultura sinérgica.
Sus 4 pilares son los siguientes:
1 – NO ARAR NI REMOVER LA TIERRA.
Las técnicas de no-laboreo deben ser nuestro primer objetivo a la hora de practicar la agricultura sinérgica. La naturaleza no labra sus bosques, selvas, praderas o estepas ¿Cómo es que estos suelos se mantienen fértiles?
El suelo es un ente vivo. En su complejidad habita su misterio y es necesario que confiemos en que la naturaleza sabe lo que hace. Gran parte de ese misterio es obvio y conocido. Una de las claves es la protección que una tierra no arada ofrece a la micro-fauna y micro-flora, encargadas de la degradación de la materia orgánica que luego fertilizará esa misma tierra. Musgos y líquenes crecerán si se les permite. Ácaros, larvas, hormigas y otros insectos serán los segadores. Las lombrices airearán el suelo de forma natural si se las respeta y favorece con un suelo protegido frente a los rayos del sol y libre de químicos.
Los microorganismos también sufren con el sol y los químicos. Son muchos, muy variados (miles de especies con millones de individuos por cada especie, en un solo gramo de tierra) y establecen comunidades simbióticas cuando se les permiten condiciones naturales no agresivas. Para ello es fundamental que se preserve la estructura natural del suelo, en donde los distintos horizontes (o capas) poseen características distintas (como temperatura, humedad, pH, oxígeno, lixiviación de nutrientes, etc).
Otro organismo muy delicado son los hongos. No hay más que contemplar sus casi etéreos órganos reproductores (las setas). La importancia de los hongos merecería una entrada completa aparte. La red que bajo el suelo crean con sus hifas (el micelio) forma un complejo tan vasto como nuestra internet. Mediante esta red las plantas pueden intercambiarse nutrientes e información, a través de la conexión hongo-raíz. Este micelio, esta red vital, descompone la materia orgánica, mantienen la estructura esponjosa del horizonte húmico, preserva la humedad; y muere si removemos la tierra.
Las plantas poseen raíces bien distintas según la especie. Las gramíneas tienen muchas raíces superficiales. Las crucíferas una fuerte raíz profunda. Las umbelíferas una parte fina que profundiza bajo una raíz engrosada (como la zanahoria que bien conocemos). Ya es bien sabido que las raíces de las leguminosas albergan comunidades de bacterias que fijan nitrógeno de la atmósfera, sirviendo como abono. Estos son algunos ejemplos conocidos, pero el poder de este método está en lo que aún no conocemos, en las enormes posibilidades de las asociaciones de cultivos, sistemas de policultivos, simbióticos, sinérgicos, que deriven de un trabajo natural en el marco de un método tan sencillo que casi sea un juego para niños.
Una tierra o un huerto sinérgico se remueve una sola vez, al comienzo. Tras esto, las propias plantas, la micro-fauna, los microorganismos del suelo, el buen ojo y la mano verde del hortelano mantendrán el suelo en perfectas condiciones de aireación y fertilidad.
2 – NO USAR QUÍMICOS NI FERTILIZANTES ¡TAMPOCO NATURALES!
Ni tan siquiera será necesario el compost, o los tratamientos con cola de caballo, ajo o purín de ortiga. En la agricultura sinergica todos los ciclos naturales se cierran dentro de nuestro espacio será más que suficiente para que la fertilidad de la tierra no solo se mantenga, si no que vaya en aumento. Veremos como las plagas se van reduciendo siempre que aprendamos a trabajar junto a la naturaleza y no en su contra. Para ello debemos de reconocer que nosotros también somos naturaleza. Debemos amarnos a nosotros mismos y expandir ese amor y ese respeto hacia la vida de cada ser. Esa será la clave para nuestro propio crecimiento interior.
No matar.
Parecería obvio ¿no? Pero… ¿cuántas jóvenes hierbas desarraiga el tractorista a cada instante? ¿Cuantos millones de insectos envenena el pesticida? ¿Cuantos miles de millones de seres?
Si somos capaces de respirar, de darnos tiempo, asumir que la Madre Tierra ha de cobrarse su parte, observar e interactuar atentamente, nos daremos cuenta de que una pequeña agresión no afectará a todo el huerto, y que una sola planta atacada es una pérdida aceptable.
Aún y así, hay que ser realista. Si vemos que el ataque se convierte en plaga, seamos creativos. Usa un remedio sencillo como la infusión de ajo y cayena. Permacultor Celtíbero solo gusta de usar en su huerto esta infusión, tejas para recoger los caracoles y, por supuesto, los cultivos de microorganismos efectivos que mencionaré más adelante.
3 – MANTENER EL SUELO SIEMPRE ACOLCHADO.
Debemos evitar por todos los medios ver el color marrón.
Nuestro suelo debe vestirse de verde planta, verde claro hierba seca o amarillo paja. Si vemos el marrón, que éste sea de ramitas, restos de poda, corteza de árboles, serrín libre de químicos, hojas secas o el rabo de nuestro perro. ¡Usa incluso cartón! pero nunca dejes la tierra desnuda.
La clave para lograr esto consiste en la siega y poda conscientes. En huertos, debemos de permitir que la hierba crezca en los pasillos entre bancales, e ir segándola. El horticultor puede ir cortando las hierbas adventicias o hojas grandes (externas, comidas o amarillentas) de verduras como la berza, la alcachofa o la acelga, e ir colocándolas dónde crea oportuno. La técnica del Chop & Drop sustituye todo el proceso de elaboración de compost. Es importante procurar cortar y no arrancar, de este modo mantenemos la estructura natural del suelo y permitimos que la raíz se descomponga en profundidad.
Al acolchar, manteniendo siempre el suelo cubierto de materia orgánica, estamos simulando las condiciones naturales en nuestro cultivo. Así, permitimos que la naturaleza haga el trabajo. Poco a poco, el horizonte H (Húmico) se formará en la superficie de nuestro suelo y el ciclo natural fertilizará nuestros cultivos.
El gran terrateniente deberá alternar sus cultivos objetivo con cultivos de cobertura y abonos verdes, eligiendo bien las hierbas para mejorar el suelo y con las que aportar la biomasa necesaria. En terrenos bio-intensivos, podemos probar los métodos que exponía Fukuoka de sembrar primero, luego cosechar y finalmente esparcir el rastrojo por encima. Ya existe maquinaria para la siembra directa; pero creo que el cultivo en camas (o bancales) aunque estas sean largas y de secano, siempre dará mejores resultados que la mecanización.
Y otro aspecto clave, por muchísimos otros beneficios más allá de por obtener materia orgánica, es incluir árboles y arbustos en nuestro sistema. Los árboles le aportan a nuestros huertos el elemento aire. Sus hojas acolcharán de forma natural en otoño, las ramas que les podemos pueden perfilar nuestros bancales, como ya expliqué en la cama volcán. Pero también enredaderas como la hiedra y el lúpulo, bambú o cañas, parras, mimbres, atripex, palmeras, zumaques. De la agricultura sinergica asaremos a un siguiente nivel. El bosque comestible ha de ser el referente, un sistema completamente opuesto al monocultivo.
4 – COOPERA CON LOS ORGANISMOS SIMBIOTAS DE LA RIZOSFERA
Y aquí volvemos a enfatizar en lo ya mencionado:
A) Microorganismos efectivos.
Sin un aporte asiduo de las bacterias lácticas, actinomicetos, algas fotosintéticas y levaduras, que forman comunidades simbióticas en nuestros fermentos cotidianos (pan, yogur, chucrut, kombucha, vino, queso, vinagre) y que los protege frente a los patógenos; la gran cantidad de materia vegetal que se requiere para éste método podría generar enfermedades criptogámicas en nuestras plantas. Es por ello que debemos aprender a cosechar y reproducir nuestros propios microorganismos efectivos. No es difícil.
B) Hongos del suelo.
Ver setas en nuestro huerto o nuestro campo querrá decir que lo hemos conseguido. Habremos restaurado nuestro suelo. Entonces habrá tan solo que mantener la práctica, pero la fase más difícil se habrá logrado. Para conseguir ésto, puede ser conveniente, en las primeras fases de nuestro cultivo, añadir estiércoles maduros en ciertas zonas, abonos orgánicos fermentados (bocashis), plantas micorrizadas o esporas (que nosotros mismos podemos recolectar).
C) Promueve la biodiversidad.
Por último enfatizar en que cuanto más biodiverso sea nuestro huerto o terreno más fácil nos será promover técnicas respetuosas con la microbiología nativa, pues el uso de la biodiversidad es la más eficaz técnica para la prevención de plagas y enfermedades en nuestras plantas.
Estas son las cuatro claves para comenzar a cultivar siguiendo el método de la agricultura sinérgica. No obstante debemos también ser flexibles y no establecernos férreamente en ningún sistema, saber bailar y jugar con técnicas, métodos, formas y propuestas es una clave para la resiliencia de nuestro proyecto. Conocer las propuestas y estar abierto a ellas es lo inteligente. Pero uno no debe encasillarse en su forma y su manera. La naturaleza y la vida siempre te acabará dando el golpe necesario para hacer mover tu punto de encaje, para desanclarte.
Recuerda que todo esta bien.
Se también sinérgico contigo mismo y los demás:
1 – No removamos con nuestra arrogancia las ideas de los demás. Una mentalidad nueva no puede florecer en un terreno que aún no se ha dejado reposar lo suficiente.
2 – Mantente libre de tóxicos ambientales, tecnológicos, sociales… Come lo más natural posible. Acercate a las personas que te llenan e inspiran.
3 – Mantén tu propio acolchado interior. Se fuerte y tolerante al mismo tiempo. No te tomes nada de forma personal. No uses la violencia física, verbal ni mentalmente.
4 – Cuida de tu entorno más cercano. Sirve a las personas que más te necesitan. Cuida muy bien de tus hijos, tus padres, tus amigos, hermanos… Respeta cada forma de vida, cada objeto de tu hogar, cada bocanada de aire que respires.
1 – ECOHABITAR no 8. 2006
















