Lo primero que necesitamos es una garrafa de plástico. Abundan hoy en día. De 5l, 6l, 8l… el volumen no es relevante.
Eso sí, siempre debemos mantener la proporción: 10 – 10 – 80
10% Microorganismo Efectivos (SMR o solución madre)
10% Melaza de azúcar
80% Agua (sin cloro)
Lo más difícil es obtener nuestra solución madre (SMR). La primera que obtuve me la regaló una amiga. Luego yo mismo la he ido reproduciendo y renovando con sucesivas capturas de microorganismos nativos y diferentes productos fermentados como kefir, kombucha o chucrut. Esto debe hacerse pues tras varias reproducciones la biodiversidad microbiológica degenera. En una próxima entrada explicaré como capturar microorganismos nativos.
La base es sencilla: en el cultivo de microorganismos efectivos abundan las bacterias acidolácticas, actinomicetos, algas fotosintéticas y levaduras sobre otros tipos. Estas actúan como antioxidativas en lugar de oxidativas, con lo que los procesos de putrefacción se detienen, produciéndose el proceso de fermentación. Al promover este tipo de bacterias frente al resto, nuestros cultivos están más protegidos, pues estos tipos de bacterias interactúan con su entorno mediante relaciones de simbiosis, en donde no dañan la planta como haría un microorganismo parásito.
Para más información: Microorganismos y Simbiosis.
Vamos a calcular la medida total para no llenar por completo la garrafa con nuestro cultivo. Si tenemos una garrafa de 5l, vamos a calcular llenarla con 4,5. Si es de 8l con 7l (5,6l de agua + 0,7l solución madre + 0,7l melaza). Luego explico porqué.
Llenamos la garrafa de agua (he de reconocer que yo ya tomo las medidas a ojo), la cojo directamente del manantial. Es importante tomar un agua buena, cercana a nuestra huerta, libre de contaminantes. El agua del grifo no sirve por estar clorada y el cloro se añade precisamente para matar sus microorganismos.
La garrafa blanca que se ve en las imágenes es mi cultivo anterior. Con un trozo de botella hacemos un embudo. Primero ponemos el agua. Luego añadimos al agua los microorganismos. Luego añadimos la melaza. ¡Nunca mezclamos la melaza directamente con los microorganismos!
La melaza de azúcar es un deshecho de la producción de ésta, que puede encontrarse de forma barata en almacenes especializados o de piensos para animales. Si no se la encuentras simplemente disuelve 1 kilo de azúcar en 1 litro de agua (yo prefiero usar panela… ¡Todo por mis microos!).
Como vemos nos queda una cantidad de aire en la parte de arriba de la garrafa. El proceso de fermentación debe darse en ausencia de oxígeno. Esto es muy importante para que se desarrollen las bacterias fermentativas. Lo que hacemos pues es apretar la garrafa. La espachurramos bien hasta que el líquido llega hasta la tapa y no queda aire, entonces la cerramos. La garrafa queda completamente llena y espachurrada.
Luego la dejamos en un lugar sombrío, no muy frío. El proceso de fermentación comienza en uno o varios días (depende de la temperatura ambiental, necesita de más de 10ºC para iniciarse). A los pocos días la garrafa comienza a hincharse. Estos son los gases resultado de la fermentación. Y se hincha y se hincha y… parece que va a explotar. ¡Te cuidado al abrirla!
Observad como incluso la presión levanta el plástico del tapón. Durante la fermentación podemos aflojar ligeramente (y con cuidado ¡No ponerse el la trayectoria!) el tapón, para dejar que parte del gas salga. El olor será muy agradable, dulce y ácido. Y la solución comenzará a burbujear intensamente. Podemos cerrarlo de nuevo para dejarlo fermentar aún unos días más.
Cuando tienen toda su presión, el proceso de fermentación aún no ha terminado; decimos entonces que tenemos un cultivo de microorganismos activo. Cuando comenzamos a aplicarlos, la presión se pierde, la fermentación llega a su límite al consumirse todo el azúcar. Podemos conservarlo entonces durante varios meses como un cultivo de microorganismos maduro.
El cultivo activo es más potente, al aplicarlo sobre las plantas nuestras bacterias van a promover el proceso de antioxidación en las bacterias que ya se encuentran en las plantas. Esto es más efectivo, pero también puede estresar más la planta, luego ha de aplicarse más diluido si lo hacemos directamente: entre un 5% a 10%. De esta forma es ideal para activar la fermentación del compost, añadiéndolo mucho más concentrado.
El cultivo maduro es más suave, aquí podemos aplicarlo a concentraciones mayores: de 10% al 15%. Y durante más tiempo. Se puede añadir al agua de riego para potenciar las bacterias acidolácticas en nuestro suelo frente a las patógenas.
Lo ideal es repetir la aplicación durante varios días, por la mañana y al atardecer. Luego dejar al menos dos semanas antes de una nueva aplicación.
Cuando a nuestra garrafa le va quedando poco es momento de reproducirlos una vez más. Ésto puede hacerse por cuatro o cinco veces, pero con el tiempo la biodiversidad bactérica se va perdiendo. Lo ideal es que capturemos microorganismos nativos de nuevo. O vayamos almacenando una mezcla en un tarro con los restos de los fermentos de la cocina (agua de remojar legumbres, rejuvelac, kefi, kombucha, quesos y patés veganos, tepache, kimchi, chucrut, ensalada prensada, salsa de soja, vino, cerveza…) todos ellos son cultivos de bacterias acidolácticas. Pensado bien, estos fermentos se conservan durante meses ¡incluso años! sin necesidad de cocción, conservantes, o envasado hermético. ¡Gracias a las bacterias! Es el mismo principio por el cual nuestros cultivos no se echarán a perder.
Espero que toda esta información os sirva y la pongáis en práctica. Ésta es una ciencia joven, lo que aquí explico requiere aún de muchos años de prueba y error para ir afinando (proporciones, formas de aplicación, mejoras en el proceso…). Afortunadamente nos tenemos los unos a los otros para compartir nuestras experiencias. Os agradeceré mucho si me dejáis un comentario contándome que tal os ha ido.
Un fuerte abrazo seres humanos hermanos!!!

















Porque la biodiversidad bactérica se va perdiendo cuando se propaga por varias veces?
Buena, pregunta. Mi respuesta rápida es que eso es lo que me han contado.
Pienso que es por que al final unos grupos de bacterias acaban predominando sobre las demás. Temperatura, Ph, radiación… supongo que algunas cepas prosperan y otras se van degradando. La solución es muy sencilla: ir añadiendo de vez en cuando unas gotitas de los fermentos de la cocina: chucrut, kombucha, kimchi… o algo que se nos avinagre… o el agua de remojar las legumbres. O una pizca de tierra negra de bosque. O el jugo de un chucrut hecho con las hojas más sanas de las plantas que crezcan junto al huerto. Siempre, tras repetir el proceso de reproducción anaerobica las bacterias fermentativas (efectivas) se impondrán a las putrefactoras (patógenas).