Como hacer un bancal elevado con Pallets

Elevar un bancal ofrece un sinfín de ventajas: la primera ergonómica, puesto que nuestra espalda nos agradecerá el no tener que descender hasta el suelo para trabajar, y la segunda fértil, ya que nuestras plantas contarán con un extra de suelo profundo para sus raices. Lograremos mantener nuestro bancal bien aireado y abonado durante años reduciendo la posibilidad de pisarlo, potenciamos el efecto borde en el huerto y creamos una barrera entre nuestras plantas y los golosos conejos. Además aprovecharemos para reciclar pallets, maderas viejas y restos de podas.

Lo que para unos son ventajas para otros podrían ser inconvenientes: por ejemplo, estos bancales limitan el tránsito a través de la huerta (cosa que se soluciona con un buen diseño y cultivando la paciencia); si en nuestra zona solemos tener problemas con los caracoles decir que a estos les gusta mucho esconderse entre las tablas y los rincones que quedan en las maderas de los pallets (lo bueno es que sabremos donde buscarlos) y este sistema reduce mucho el espacio en huertas pequeñas (no obstante al aumentar el suelo fértil podremos cultivas menos plantas pero más fuertes y vigorosas).

Las medidas y especificaciones irán dadas por las necesidades y/o recursos de cada uno. Mi recomendación primera es sopesar su ubicación con detenimiento, previendo los cambios que el huerto pueda sufrir en años venideros (árboles o arbustos jóvenes que irán creciendo) pues una vez construido no será cuestión de desmontarlo hasta que la propia naturaleza lo vaya descomponiendo.

En este ejemplo los bancales tienen unos 5m por 1,40m más o menos. Lo ideal es que se pueda llegar con la mano a cualquier punto de su superficie. Hemos utilizado restos de europallets que habían cortado por la mitad (no se porqué) y otros cuantos que cortamos nosotros, pero si estuviesen enteros imagino que sería hasta mejor (la espalda cuanto menos se doble mejor). Pueden observar que aquí hemos aprovechado dos colmenas viejas para redimensionar el tamaño del bancal y crear dos espacios alternativos para medicinales, vivaces o lo que se nos ocurra. Así que… ante todo IMAGINACIÓN.

Vamos al lío. Cogemos todos los pallets (o sus medidas) y los planteamos sobre el suelo. Aquí no movimos para nada el suelo ya existente, solo lo plantamos todo encima y listo. Una vez que las formas y tamaños encajan, cavamos una pequeña zanja del acho de nuestros pallets y enterramos de 15 a 20cms (si el pallet es más alto habrá que enterrar más). Nos quedará una especie de corralito (será nuestra bandeja del horno). Atar, clavar o atornillar de algún modo los pallets unos a otros hará la estructura más resistente a la presión que la tierra hará con el tiempo.

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Ahora llega el momento de comenzar a preparar nuestra “LASAÑA”. Para ello colocaremos primero una gruesa base de madera. Comenzaremos por las maderas más guesas y de difícil descomposición como troncos de árboles, ramas gruesas de la poda o madera vieja (sin barnizar). No se aprecia bien en la foto pero, la primera capa de este eran los afilados restos de la poda de las palmeras (que están mejor enterrados). Con cuidado y esmero fuimos rellenando los huecos con ramas y otros tallos leñosos como los de los cardos y las alcachofas espigados que se aprecian en primer plano.

Una vez que tenemos bien formada la primera capa de nuestra “lasaña” la aderezamos con un buen par (o tres o cuatro) de carretillas de estiércol de burro (la primera capa de la lasaña a veces queda muy seca si no se moja bien).

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A continuación cogemos restos de poda más finos, ramitas y restos secos de cultivos. Aparte de un gran número de ramas de poda finas aquí añadimos los restos de tomateras, pimientos y berenjenas que habíamos cortado esos días (habrá que recordar que para evitar posibles enfermedades no deberemos sembrar sobre este bancal elevado estas u otras solanáceas por un par de años). Una vez montada esta capa volvemos a añadir un generoso baño de estiércol de burro. Si contamos con estiércol, debemos mezclarlo junto con la madera, de lo contrario esta tardará más tiempo en pudrir y el compost resultante carecerá de nitrógeno. Aunque es mejor no pasarnos con el estiércol, sobretodo si este es de aves. Hablaré con más detenimiento de este tema en una próxima entrada.

Ahh, por cierto; poner el dedo ante la cámara es muy importante. Es algo esencial.

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Para proseguir con nuestra siguiente capa nos damos un paseo por la huerta y arrancamos toda la mala hierba que veamos (que hoy tenemos un buen motivo); procuramos coger ahora materia verde, que se descompondrá más fácilmente y en menos tiempo.  La vamos apilando alternando capas de hierba con capas de estiércol hasta sobresalir por encima de los pallets. Unas hojas de consuelda siempre vienen bien (o incluso unas flores de ave del paraíso, como ofrenda).

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Un poquito más de hierba, no nos vayamos a quedar cortos (con el tiempo, la descomposición y la presión, el suelo bajará bastante). Por cierto antes dije “malas hierbas”, perdón. Siendo correctos usaremos el término “hierbas adventicias”. Aquí por ejemplo pueden ver que mayoría de la hierba usada es Lechetrezna (Euphorbia), cuyo blanquecino latex irrita la piel, las mucosas y es probablemente cancerígeno aunque antaño se usase contra las verrugas; planta muy tóxica para humanos y animales, ya nos advertía Discórides que: “Mientras se coge el liquor ò leche de aquesta planta, no conviene tener el viento de cara, ni tocar con las manos los ojos, sino antes que comience à cogerle, cada uno debe con alguna enxundia, ò azeyte mezclado con vino, untarse el cuerpo, y principalmente el rostro, el cuello, y la bolsa de los testigos”. Pero no es tan mala eh, que conste; le viene muy bien a nuestra “lasaña”.

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Otra buena capa de estiércol de burro (como media carretilla por metro cuadrado). Si se quiere acelerar la descomposición de este bancal vivo, este es un buen momento para rociarle un poco de purín de ortiga, microorganismos, o algún preparado biodinámico.

Y ya tendremos casi listo nuestro bancal elevado.

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Solo faltará una buena capa de bechamel (de 15 a 20 cms de tierra de nuestro huerto o compost bien descompuesto) y listo para meter al horno. No es broma. Con la cantidad de abono fresco que tiene el bancal no es aconsejable plantar inmediatamente, tal vez algún cultivo poco profundo como lechugas, ajos o cebollas o alguna cucurbitacea; pero lo mejor es añadir algún abono verde y esperar unos seis meses hasta el primer cultivo. No obstante, si estamos en invierno, podemos tener en cuenta que este bancal va a estar muy caliente durante los próximos meses. Nosotros echamos unas lentejas germinadas y, como no podíamos esperar, unas fresas que habíamos acodado en macetitas. La idea es que con el tiempo las fresas se multipliquen y ocupen todo el bancal. Bon apetit.

No hay fotos de las fresas, lo siento (tenía la memoria llena con fotos de una piedra que encontré con forma de cara). Pero si estuviese esa foto (la de las fresas) verían unas matitas verdes rodeadas por una gran capa de acolchado de hojas secas de pino, pues a las fresas les gusta este acolchado (y los ajos también). Y también verían unos tubos de riego por goteo. Y, dependiendo del día verían fresas, o no.

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Y… como decían en una pelí que me encanta: “Por qué construir uno si puedes construir dos por el doble de precio” (y como los pallets nos los regalaron). Añadir también que, con algunas variaciones (con 4 pallets bien fijos entre sí, por ejemplo), podría construirse también este bancal en balcones y azoteas.

Aprovecho también para mandar un afectuoso saludo a los proyectos La Granja de Masphael y Naturapia Masphael con quienes he tenido la suerte de compartir esta y muchísimas otras experiencias.

Espero mucho que les haya gustado el post. Pruébenlo y por favor comenten, compartan y recuerden: Paz y amor.

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