Aprovechando la época de vendimia, he cogido unos racimos con la intención de elaborar un vino medicinal. La fitofermentación de plantas medicinales es un proceso poco conocido con el que se pueden conservar las propiedades de las plantas, además de hacer estas más biodisponibles ya que las tomaremos en una base probiótica.
Lo primero que hay que hacer es limpiar muy bien todos los elementos que vayamos a usar. Los tarros, el capacho… y los pies.
Las uvas de mesa las guardamos para comerlas. Antes de nada, tengo que proclamar que deberíamos migrar la viticultura de la producción de vino a la producción de uva de mesa. Un producto mucho más sano y nutritivo. Como aún queda mucho para eso, podemos empezar con los vinos medicinales para ir tomando conciencia. Muchas de las plantas que he usado podrían crecer entre las cepas de nuestros viñedos, una forma de transición hacia un modelo más sostenible: el viñedo medicinal.
El resto, lo pisamos.
Después de pisarlo muy bien (durante un rato), volcamos el capacho a una olla sobre la que tenemos algún tipo de rejilla. No llenar mucho el capacho, para que esto sea más fácil. Y encontrar algo para prensar los hollejos viene muy bien. Dejo parte de los hollejos (restos de pieles y uvas prensadas) para que las levaduras naturales de la uva estén presentes y la fermentación sea más rápida.
Bueno, que lo de hacer vino, es algo que todavía queda vivo en nuestro capital cultural. Preguntad, investigad y sed creativos.
Lo volcamos en unos tarros. Si se quiere hacer más hay que usar bidones, toneles, barricas… Yo voy a hacer seis o siete botellas, como prueba. Os recuerdo que este vino es medicinal y como tal debe tomarse en dosis medicinales.
Como tardaba en fermentar lo puse una mañana al Sol tapado con una toalla. Cuando comenzó a fermentar lo pasé a la sombra. Tras un par de días, la fermentación se encuentra en su punto álgido, es entonces cuando introducimos una mezcla de hierbas medicinales en cada uno de los tarros. Como un par de puñados por cada litro, más o menos. Las ponemos dentro de los tarros y removemos un par de veces al día.
Como veis en las imágenes los tarros los tapo con una gasa, para que no entren los mosquitos y tenga cierta circulación de aire. También es importante que los tarros, o cualquier recipiente en donde vayamos a hacer vino lo llenemos hasta casi su abertura, por la misma razón.
Tras una o dos semanas, la fermentación se detiene, los posos precipitan hacia el fondo y una fina película (también con algunas impurezas) se forma en la superficie. Estos son los aceites esenciales de las hierbas que hemos usado; cuando consumamos el vino, este vino en concreto, es importante agitar bien la botella, para que estas sustancias se disuelvan.
Lo embotellamos. Para ello debemos usar una máquina enconrchadora y tapones de corcho. Las llenamos hasta dos centimetros por debajo del cuello de la botella. Para encorcharlas se necesita una máquina de encorchar (se puede comprar en muchas ferreterías).
Por supuesto que lo he probado y tengo que decir que… ¡Sabe a medicina!
Y es que es así de claro, es medicinal, esto no es un vino para emborracharse. Reitero: tomado en exceso puede hacer daño. No se debe tomar más de un chupito al día. Estas botellas son demasiado grandes, lo ideal sería embotellarlo en botellitas de 250ml, o menos.
He elaborado cuatro vinos distíntos: uno con propiedades cardiotónicas con plantas de ginko biloba, espino albal y jengibre; uno diurético con alcachofa, cúrcuma, diente de león, eneldo, ortiga y cola de caballo; han salido tres botellas de vino beneficioso para el aparato respiratorio y solo una de vino con propiedades relajantes. (Con los restos he hecho otro al que llamaré panacea contra todo mal del cuerpo y el alma).
Este es un campo nuevo, pero que ya cuenta con años de ciencia empírica. Una muestra de esto la tienen los laboratorios Microviver, que desde hace años elaboran una gran gama de productos fitofermentados y complementos alimenticios. Una marco de investigación y de trabajo ideal para reducir el consumo de bebida alcohólica y acercarnos a una medicina consciente.
Muchas gracias amigxs, paz y amor.






















