A la hora de practicar una hoticultura según principios permaculturales debemos recordar trabajar junto con la naturaleza y no en su contra. La práctica del acolchado (mulching) es esencial para adaptar los patrones naturales a la agricultura, beneficiando el entorno, incrementando la cosecha y mejorando nuestra salud.
INDICE:
- ¿Qué es el acolchado?
- ¿Por qué es beneficioso acolchar?
- ¿Cuando acolchar?
- ¿Cómo acolchar?
- ¿Con qué acolchar?
- Crop & Drop
- Acolchar potenciando el efecto borde
- Compostaje en superficie
- Microorganismos efectivos y acolchado
1 – ¿Qué es el acolchado?
El acolchado (mulch en inglés) es una capa de materia vegetal que, de forma natural o intencionada, ha sido depositada sobre el suelo.
Cuando era niño, en la escuela, me definieron esto como mantillo. Creo que en los últimos tiempos la palabra mantillo se emplea a veces para denominar una materia vegetal descompuesta, como un paso medio entre el compost y el humus. En un bosque natural el acolchado sería la hojarasca caída sobre el suelo. En los prados, la paja seca. Las hierbas se abren paso a través de esta capa.
En los campos cultivados podríamos usar el término «rastrójo», la paja no aprovechada que queda en el campo tras a cosecha. Broza sería otro sinónimo. Cualquier resto vegetal, seco, más o menos desmenuzado, puede ser utilizado como acolchado.
Masanabu Fukuoka, el abuelo de la Permacultura, nos habló de esta técnica en su obra One straw revolution, «La revolución de una brizna de paja», también traducida como «La revolución de un rastrójo».
2 – ¿Por qué es beneficioso acolchar?
Son multiples las razones por las que conviene acolchar el huerto, algunas son:
- El acolchado retiene la humedad de la superficie, evitando la evaporación, ya que la tierra queda a la sombra.
- Por este mismo motivo, protege del impácto directo del Sol a hongos y microorganismos susceptibles a las radiaciones ultravioleta.
- Protege a las plantas y al suelo frente a la erosión. El agua se absorve mejor por el suelo y se evita la pérdida de minerales por escorrentía.
- Mantiene el suelo más fresco en verano y lo protege de las heladas en invierno. Tras las lluvias y riegos, la tierra no se cuartea, permitiendo la correcta oxigenación del horizónte humífico.
- Impide en gran medida el crecimiento de hierbas no deseadas (adventicias).
- Se reduce el polvo y el barro a la hora de trabajar.
- ¡Y lo más importante! Gracias a éste método comenzamos a fertilizar nuestro suelo de la forma más natural: reintegrando los restos no cosechados que, con tiempo y microorganismos, irán retornando la fertil capa de humus entre el suelo y el acolchado.
Hay que decir también que para muchos agricultores más tradicionales acolchar supondrá y reto. Verán más dificultades que ventajas. Obviamente muchas semillas quedarán entre los restos de paja o hierbas, haciendo que más hierba crezca (más tupida y biodiversa). Para evitar que las adventicias se descontrolen: o bien se mantiene constantemente un continuo aporte de acolchado (que habrá que comprar) o (pienso que mejor) se siega la hierba y desherbamos con periodicidad.
En horticultura será más fácil. En la producción biointensiva convendrá escoger cuidadosamente la rotación de cultivos (ver técnicas de policultivos), pildorizando las semillas (nendo-dango) y sembrándolas antes de la siega. Toda esta materia orgánica puede generar gérmenes patógenos si no se rocían microorganismo efectivos con regularidad. Trabajar entre paja y hojas en lugar de entre el polvo y barro conllevará un cambio de metodología; cada cual tendrá que aprender a jugar con el acolchado a la hora de sembrar, trasplantar, etc.
3 – ¿Cuando acolchar?
Los momentos más críticos en los que conviene mantener nuestro huerto acolchado son en pleno verano y pleno invierno. En pleno verano urge acolchar toda la huerta para evitar las pérdidas de agua por evaporación e insolación solar.
En pleno invierno protegemos la superficie del suelo de las heladas. En ese momento es muy conveniente acolchar con profusión alrededor de las plantas perennes, para que el calorcito se conserve en la base del tallo y puedan rebrotar en primavera. Alcachofas, perejiles y apios agradecen (y necesitan) que las arropemos en invierno. En llegar la primavera las destaparemos conforme vayan rebrotando.
Durante el otoño y la primavera podemos derogar en parte las labores de acolchado. Sobretodo en primavera. En estás épocas más lluviosas es común que las hierbas crezcan, y lo inteligente es permitir que toda esta biomasa crezca a nuestro lado, para luego segarla y usarla sin la necesidad de tener que comprar paja para acolchar.
El momento optimo para segar es cuando el 75% de la planta se encuentra en flor. Justo antes de que las semillas comiencen a engrosar. Es entonces cuando las plantas absorben muchos más nutrientes del suelo que de la atmósfera y “chupan” del suelo, las hojas se empequeñecen y perdemos biomasa, les salen espinas. Mayo (en la celtiberia) es el mes para segar los abonos verdes. A partir de Beltaine.
4 – ¿Cómo acolchar?
Si ya tenemos plantas creciendo en nuestro bancal acolcharemos con delicadeza, protegiendo la verdura con una mano y acolchando con la otra. El tubo de riego puede quedar bajo o sobre el acolchado; si queda debajo, no olvidar que está ahí si andamos con la azada en la mano. Podemos aprovechar el momento de acolchar para hacer un desherbado concienzudo. Si hemos preparado un bancal nuevo, en donde no hay plantas, lo mejor es acolchar antes del trasplante. Luego se descubre el acolchado y con una pala de jardín, azadilla o plantador, se trasplanta. Lo mismo se hace allá donde ya había un cultivo y se quiere intercalar. Luego se “arropa” la plantita nueva.
También entre el acolchado se puede sembrar directamente. Se despeja un circulito entre la paja, se hace un pequeño “crater”, se siembra y se deja abierto, regando cada día hasta que las semillas germinan. O se despeja una banda entre el acolchado, se abre una zanjita y se siembra (de guisantes, por ejemplo). Luego se cubre de una fina capa de arena y humus.
Cuando las plantitas nacen hay que revisarlas para que el acolchado que pueda haberse movido con el viento no las aplaste o las impida brotar. Cuando nuestras plantas son mayores, se puede volver a acolchar entre ellas.
5 – ¿Con qué acolchar?
Cualquier resto vegetal sirve, si bien lo más efectivo son hierbas y hojas secas (pequeñas). Puede incluso utilizarse papel de periódico y cartón. Ha de tenerse el cuenta que papeles, cartones y hojas grandes a veces se vuelan con el viento, por eso lo mejor es romper los cartones en pequeños trocitos, cubrirlos con un poco de tierra y otro tipo de acolchado. Acolchar con cartones es una forma de reciclar que limitará el crecimiento de hierbas entre los cultivos. Las bacterias se comen la tinta y transforman los plomos en oro.
Si contamos con ello, podemos añadir estiércol con mesura, junto a la paja. Bien disperso y sin que toque los tallos de nuestras verduras para no quemarlas. Pienso que esta es la mejor y más natural forma de añadir estiércol al cultivo. Recordad que el estiércol de ave es el más fuerte y ha de usarse en menor cantidad, luego vendría el de ovinos, el de vacunos y el de caballo o burro puede usarse pródigamente. Obviamente estamos mejorando las condiciones del suelo a largo plazo; habrá que dar tiempo a que los hongos del suelo hagan su trabajo.
Se puede también acolchar con serrín o virutas de madera (siempre que no sean restos de contrachapado o contengan cola, barnices, pinturas, etc), y con restos de podas triturados.
Si contamos con ellos en las inmediaciones, se pueden rastrillas las hojas caídas de los árboles y llevarlas al huerto. En otoño e invierno es buena idea. Lo mejor, sin duda, permitir que árboles caducos crezcan dispersos por nuestro huerto.
En el bosque comestible el acochado ira apareciendo de forma natural. Tras pasar la desbrozadora, el cortacesped o la guadaña, las plantas segadas quedarán formando el acolchado. Algunas plantas como la verdolaga crecen y se extienden sobre el suelo, pueden pisarse una y otra vez sin sufrir nada de nada. Conseguir un acolchado vivo como éste es llegar a un nivel superior de equilibrio y biodiversidad.
Dicen que las agujas de pino y otras coníferas acidifican el suelo. También es bien sabido que a las fresas les encanta este acolchado. Podemos dispersar la pinocha por aquí y por allá. Tanto esta pinocha como algunos acochados concretos evitan que ciertos animales o insectos se acerquen a las plantas. Este es un mundo por investigar. Por la experiencia podemos evitar que caracoles y babosas se coman nuestras plantas poniendo a su alrededor un acolchado de espigas de amaranto, u hojas de helecho.
Si vivimos cerca de la costa y tenemos acceso y permiso para ello, podemos acolchar con algas. Usándolas de modo similar a como usaríamos un estiércol de oveja, y dejando al menos dos años antes de volver a añadirlas al mismo lugar. La poca sal que puedan tener no debe preocuparnos, pero si te quedas más tranquilo espera a que halla llovido para recogerlas.
Incluso restos de ropa orgánica como algodón, lino, lana, cáñamo… hecha jirones. Mejor si es de origen orgánico (y de comercio justo) y que haya sido teñida con tintes naturales.
6 – Crop & Drop
Conforme nos vamos familiarizando con el método del acolchado y practicando una agricultura más y más natural, lo más fácil es el sistema conocido como “crop & drop”, que podría traducirse como “cortar y soltar”. No tiene ningún misterio: cortar las hojas y dejarlas en el suelo, podar ramas y trocearlas con las tijeras, dejando que se esparzan por aquí y por allá.
Favorecer el crecimiento de plantas de hoja ancha, con raíz potente y capaces de rebrotar una y otra vez, como la consuelda, la borraja, las berzas o las acelgas, nos proporcionará un constante suministro de hojas para un acolchado de calidad. Si contamos con enredaderas como el lúpulo, una parra o madreselva, podemos con las tijeras de poda en otoño. Las ramas más gruesas pueden entrecruzarse o semi-enterrarse en los bordes del bancal (como ahora explicaré).
Los restos de las calabazas, las tomateras, pimientos, maíz y melones. Los troceamos tras la última cosecha, los dejamos en el sitio y volvemos a fumigar con los mismos microorganismos eficientes con los que hemos venido fumigando periódicamente, con los cuales, recordemos, propiciamos un ambiente en donde predominan las bacterias regeneradoras frente a las patógenas.
Mientras cosechamos, todas las hojas inservibles las cortamos con el cuchillo y que caigan donde las lleve su peso y el viento. Hojas de puerro, grelos amarillentos, remolachas comidas por las babosas… las retiramos de su bancal y las movemos al bancal de al lado.
Se acabaron los montones de compost y vermicomposteros. La población de lombrices aumentará bajo el acolchado.
7 – Acolchar potenciando el efecto borde
El borde es la línea o banda que delimita dos espacios diferentes entre sí. En el huerto orgánico suele cultivarse en camas (bancales), dejando entre ellos pasillos desde los que trabajar y transitar.
Nunca se pisa el suelo junto a los cultivos. Se camina por el pasillo para no apelmazar la tierra.
Entre estos dos espacios: el bancal y el pasillo; se crea un efecto borde, éste puede ser un micro-espacio muy interesante si sabemos aprovecharlo.
Mi práctica suele consistir en segar en los pasillos (se puede pasar la desbrozadora, un cortacesped, o sencillamente la hoz), dejando sobre ellos los restos. Y arrancando a mano (a veces se cortan, al veces salen de raíz) las hierbas menos deseadas, colocandolas sobre el bancal, entre los cultivos; permitiendo aquellas que nos interesen… que deberían ser muchas.
Las hierbas, hojas, etc, las coloco en el borde entre el bancal y el pasillo. También procuro que siempre haya hierbas creciendo en este borde, como un pequeño seto vivo, tamaño bonsai. Permitir y promover aquí las consueldas, acelgas o asfódelos incrementará el volumen de biomasa y su biodiversidad.
De este modo podemos ir creando un cómodo depósito de material para el acolchado, en el borde y el pasillo. Es mejor que los pasillos estén literalmente bien acolchados, pues sobre este “colchón” es más cómodo caminar descalzo. Al caminar sobre ellas las rompemos y desmenuzamos, sus raíces no vuelven a enraízar (o lo hacen donde nos beneficia). Luego, en otra pasada, acolchamos con este “mulch” más troceado.
Si en algún momento lo necesitamos (tras un trasplante suele ser ideal) arrancamos uno o dos puñados de estas hierbas que crecen en el borde y acolchamos en el momento. Este borde es también útil para colocar o semi-enterrar los restos más duros y difíciles de descomponer, como los tallos de las coliflores, las espigas de maíz o las ramas de los árboles. Con una tijera podemos ir podándolas y entrecruzándolas sobre ésta línea.
Iba a decir que contaremos con un límite claro… pero no es cierto… la verdad es que siempre integro más que segrego, permitiendo que un tomate crezca algo más cerca del pasillo y habrá que esforzarse por esquivarlo, o las ramas de los brócolis que, tras ver como han crecido justo sobre el borde, guardo para semilla.
Se creará una zona fértil más elevada que el resto del bancal, con lo que evitamos que el agua se pierda por el pasillo. A éste método lo llamo la «Cama Volcán», lo desarrollaré mejor en una próxima entrada.
8 – Compostaje en superficie
Ya hemos comentado que el punto óptimo lo conseguimos cuando podemos llegar a prescindir por completo de cualquier tipo de abono, por muy orgánico que este sea, incluído el compost casero. Los restos orgánicos no cocinados pueden perfectamente ser usados como acolchado (pieles, cascaras…) los troncos de la coliflor se pican un poco. Las pieles de los cítricos no suponen un problema usadas como alcolchado, (ahora no recuerdo si repelen o atraen a los caracoles, pero algo les hacen). (La cerveza les atrae; esto lo recuerdo bien).(XP)
Los restos cocinados sí que pueden atraer roedores si es esparcen tal cual, aún rociándolos con EMs. Si no tenemos animales a los que les gusten, podemos compostarlos. A aunque no sea necesario, siempre viene bien hacer cierta cantidad de compost para semilleros y macetas. Lo importante es dejar de producir desechos. De hecho el cubo del compost debería ser parte de toda cocina; como siempre, con su tapa ajustada y junto a un pulverizador cargado con EMs al 1%. El “Cubo Bocashi” no huele mal y además produce un lixiviado con el que podemos depurar nuestras aguas residuales sencillamente echándolos por el desagüe.
9 – Microorganismos Efectivos y Acolchado
El uso de Microorganismos Efectivos (EMs) o Microorganismos Regenerativos (MRs), la técnica de Terúo Higa que está revolucionando nuestro mundo, y el alcolchado deben ir de la mano.
Una gran cantidad de materia orgánica puede ser caldo de cultivo de patógenos si no se mantiene la adecuada población de microorganismos regenerativos.
Del mismo modo, de nada sirve el uso de EMs en campos yermos, recién arados, en los que no tendrán nada con lo que alimentarse. Visita «Tecnicas de No-Laboreo» para saber más. No debemos olvidar que es con la vida con lo que se alimenta La Vida.
Hace falta recordarlo todo cuanto se pueda, estos micoorganismos y cultivos de bacterias no son malos. Se trata de las mismas bacterias que conservan el queso y el yogurt, las del pan y la cerveza, la kombucha, el vinagre de la aceitunas… las que pueblan nuestro intestino. Dios no creo a las bacterias unicamente para matarnos y pudrirnos. De hecho, cada uno somos una comunidad de bacterias organizándose en torno a Una Conciencia.
Si ponemos esta Conciencia al servicio de un bien común, de una justicia común, moral, ética, que sirva al mundo, no podemos evitar cultivar y alimentarnos así. Sin dañar, con salud y con sabor.
Espero que esta información te sirva y disfrutes acolchando tu huerta y comiéndote los beneficios de una práctica orgánica, sana y sostenible. Y te agradezco comentarios, likes y compartires.
Muchas Gracias





























