
Sentado en el tren que me acerca hasta Madrid, repaso lo vivido durante este fin de semana mientras me convenzo de que el Universo se alineará para poder llegar aún hoy a casa y felicitar en persona a mi madre.
En el día de hoy (y también ayer) los colectivos de permacultura de toda España nos hemos encontrado en las distintas bioregiones que poco a poco van definiéndose a lo largo y ancho e de nuestro territorio, para seguir adelante. Encuentros simultáneos en todas las bioregiones para mover una energía común; para trazar un camino común, un camino regenerador, un camino limpio, hacia un futuro difícil, pero hacia un futuro posible. Un futuro resiliente y ecológicamente sostenible. Un futuro para todas nuestras hijas.
Una vez más me maravillo ante las paradojas que tiene la vida y una vez más me reconozco asumiendo que los grandes cambios se generan con acciones muy pequeñas.
Este ha sido un pequeño gran fin de semana para el centro de la península Íbera: se ha celebrado el Primer Encuentro Biorregional de la Zona Centro. Un grupo nuevo, incipiente, diverso, a veces ilusionado a veces temeroso, a veces ansioso, a veces disperso. Sería un grupo como cualquier otro si no fuese por que tenemos un fuego común que nos une: el amor por la naturaleza. Un fuego que no dejamos de atizar.
Este fin de semana hemos dado ese amor, lo hemos compartido y ahora siento que parte de ese amor viaja conmigo, en este atardecer, sobre los raíles de este tren.
Muchos han sido los momentos, las conversaciones, los juegos, las dinámicas y entro loa buenos momentos hemos tenido incluso también nuestro espacio para las penas y tristezas. Somos diferentes. Todas. Y lo seremos siempre. Y esto es algo que debemos recordar. Los malestares de una son los malestares de todas, el grupo son sus individuos, y las relaciona que se forman entre ellos. Si la alegría de la vida te llena quiero saberlo, pero también quiero que me cuentes que te ocurre en los momentos amargos. La empatía y la comunicación son dones muy poderosos, sean nuestras aliadas. Si las disputas y tensiones surgen y se olvidan, se ocultan o menosprecian… crecerán.

Me siento alegre. Me siento alegre por que en este fin de semana he visto el florecer de la primavera de un grupo. Un colectivo que despierta, afronta sus problemas, los resuelve y crece con ello.
Puede que esto ocurra a costa de que algunas flores no consigan florecer.
Alguien lo ha dicho de este modo y me quedo con ella como la frase del encuentro: “Lo mejor que tiene este grupo es el profundo amor por la naturaleza que tienen sus miembros. Amor que cada una demuestra dando, lo que puede”.
Y así de simple es la clave de la victoria: nuestra maestra es la naturaleza, nuestra Madre Tierra; no podríamos haber escogido mejor guía.
Dejándonos conducir por ella, nuestro éxito esta garantizado.

Pero somos conscientes de que el trabajo es duro y el camino a recorrer largo, lleno de dificultades.
Somos muchas las que elegiremos caminar juntas para alcanzar nuestros sueños. Y habrá también quien quiera ir sola. Bueno será, sin duda. Y nunca dejará de tener al resto cerca, trabajando en la misma dirección. Pero las flores de almendro no florecen todas al mismo tiempo. Y aunque son todas iguales, vistas de cerca, no lo son tanto. Y el que unas florezcan hoy y otras mañana; unas huelan más y otras menos, unas se marchiten sin fecundar y otras tengan ya forma de almendrilla, son entre todas como componen la belleza del blanco almendro que florece tras el frío del invierno. Bello en su esplendor, bello en sus ramas, en sus racimos, en sus flores… en todas ellas.
No quiero hoy perder el tiempo explicando todo aquello que hicimos o dejamos de hacer. Hecho está. Puedo decir que hoy me encuentro un poco más preparado a la hora de reproducir y sembrar árboles en casa, tengo nuevas fórmulas e ideas para reciclar y trabajar con pallets, más dispuesto que nunca a continuar trabajando el esparto para elaborar artesanía, y sobretodo cuento con muchos más medios, facilidades y experiencia a la hora de formar parte de un grupo y de conducirlo hacia sus objetivos.
Vuelvo a casa contento, contento por todo lo que han dado de sí estos dos días y por todo lo que hemos hecho, por nosotros y por la naturaleza. Si tuviese que quedarme con algo sería con un agradable paseo, en gratísima compañía, a la orilla del río, gracias al cual pudimos salvar la vida a un puñado de renacuajos.

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