Gaia’s Theory: Del macro al microcosmos

 

 

En el año 1979 el científico británico James Lovelock propuso la Teoría de Gaia, que en las últimas décadas ha dado mucho que pensar a científicos y filósofos. En ella propone un planeta tierra autónomo, con sistemas reguladores y retroalimentados capaces de mantener la vida por si mismos. Otros vamos más allá considerando a la tierra un ente consciente que, cerca de lo que podríamos llamar inteligencia emocional, es capaz de sufrir con el daño que se le causa y disfrutar de la belleza que en su seno se gesta. Lovelock dio a su hipótesis el nombre de la antigua deidad, diosa de la tierra, la madre que en su vientre engendró toda la vida.

Sobre ella habita la humanidad. Una más de las millones de especies de animales que  se mueven sobre su superficie, especie que, en su desmedido crecimiento, esta consiguiendo que esta diosa de la abundancia comience a enfermar.

Nuestra madre es una diminuta esfera vestida de azul, que junto a sus otras hermanas, tales como la bella Venus o Júpiter el grandullón, pasean de la mano y bajo la luz de padre un sendero blanco como la leche. Un sendero en espiral (La Vía Láctea) que recorren una y otra vez; pero siempre distinto, pues por donde pasan hoy no volverán a pasar en 200 millones de años.

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Pero mama Gaia no se siente pequeña, es grande en si misma por que sabe que se compone de grandes hábitats donde viven grandes habitantes. Una vez que nos hemos acercado hasta rozar el azulado velo que cubre los océanos del mundo, descubriremos verdes selvas, desiertos anaranjados y blancos hielos. Podemos descender hasta posarnos sobre las masas verdes y observar que están vivas. La selva, la taiga, los bosques… ¡respiran!

Sea cual sea el rincón de nuestro planeta al que miremos encontraremos ecosistemas más o menos autónomos en cuanto a lo que su ecología se refiere. Cada rincón posee un clima, una orografía, un ambiente propios. En todos encontraremos animales nómadas así como especies endémicas. Las variedades vegetales que lo habiten serán únicas. Ya se trate del bosque mediterráneo, la dehesa, el quejigal de montaña, la meseta o las Rías Baixas, cada ecosistema tiene sus propios fastidios y maravillas. Su propio encanto, su propia personalidad; como aquellos que lo habitan.

Cada uno de los seres que viven en estos ecosistemas ha sido forjado a temple por los mismos fastidios y crecido al amparo de las mismas maravillas. Por su sangre y savia corre la lluvia; su carne y su madera son la propia tierra. Podemos de nuevo dar un salto en nuestra escala y descender un poco más hacia una parte de este todo. Observar una pieza del rompecabezas detenidamente, hasta lograr contemplar el puzzle del que esta formada.

El venado que pace la hierba en el prado podrá de algún modo sentirse individuo del bosque, rumiante, y presa; pero difícilmente tendrá conciencia del vasto mundo que por si mismo forma. Será consciente sin duda de las moscas y mosquitos girando en torno a su cara, de las pulgas o garrapatas picando su piel, pero ya no sabrá tanto acerca de los ácaros que comen su piel muerta. El ácaro tampoco será consciente de que con cada mota de polvo, ingiere también miles de bacterias.

Cada animal que camina sobre la tierra lleva consigo literalmente un aura única, un manto microbiológico que emana de nuestra piel, que exhalamos en cada bocanada. Se trata de nuestro “exposoma”, y cada uno tenemos el nuestro, como si de una huella en el barro se tratase. Este halo vivo no solo nos envuelve, sino que también se halla dentro de todo animal. Entre uno y dos kilos de nuestro peso esta compuesto por microorganismos simbióticos que viven en nosotros, diez veces más que nuestras propias células. L. acidophilus, L. casei, B. bifidum, B. longum son algunas de las inquilinas que forman nuestro «microbioma intestinal». Un auténtico universo microscópico se extiende por todo el tracto digestivo de cada animal, en donde cada especie tiene una microbiología única, formada por más individuos que estrellas hay en toda nuestra galaxia.

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Muy importante esta fauna y flora intestinal en los mamíferos, esencial de hecho, ya que la variedad alimenticia de que gozamos es en parte gracias a nuestros microorganismos simbiontes. De aquí, entre otras cosas, la importancia de la leche materna, pues todo mamífero recién nacido no cuenta con esta microfauna y es la madre la que se la transmite a través de la lactancia. Si un mamífero no toma los primeros calostros en sus primeros días de vida, morirá.

Podemos así afirmar que, cada familia, cuenta con su propia cepa microbiológica, heredada de madres a hijos como la masa de las Clarisas. Pero aún es más, la cantidad y variedad de estos microorganismos es tal que cada uno de nosotros porta consigo conjuntos y variedades microbiológicas que no existen en ningún otra persona sobre la faz de la tierra. Simbiontes evolucionados directamente a partir de nuestra alimentación y dieta, de nuestros hábitos, si fumamos, si hacemos siesta después de comer… Un inmenso mundo longitudinal que al igual nuestra esfera terrestre, cuenta con diversos ecosistemas: el selvático colon, el pantanoso íleon o el tempestuoso estómago; o la boca, con la que dulcemente compartimos esta microvida en nuestros besos.

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Cada uno somos gracias a este microverso del mismo modo que este microverso es gracias a nosotros. Un mundo que cuidar, un mundo del que ser un poco más conscientes. Una simple cápsula de antibióticos, en este mundo, es una bomba atómica que acabará con millones de vidas.

La fútil, ínfima y aparentemente insignificante vida de una bacteria. ¿Podríamos llegar a tal límite, bajar la escala hasta tal punto como para empatizar con una bacteria, para darle importancia a sus decisiones? ¿Puede la decisión de una bacteria ser determinante?

La científico estadounidense Lynn Marguilis, mundialmente reconocida por sus estudios de la biología celular, fue junto con Lovelock la mayor defensora de la Hipótesis Gaia. Según ella, la célula eucariota (de las que todos estamos formados) surgió de la colaboración, de la unión, de la simbiosis: cuando una comunidad de bacterias decidieron irse a vivir juntas, refugiarse al amparo de una membrana y ayudarse unas a otras para lograr un bien común.

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3 comentarios sobre “Gaia’s Theory: Del macro al microcosmos

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  1. Excelente confrontación de universos dimensionalmente opuestos que conforrman cuanto significa nuestro planeta GAIA. La concepción puede variar en razón de perfiles profesionales, de experiencias en los diversos campos de la ciencia, inclusive de creencias religiosas pero la teoría, al menos, nos obliga a reflexiones más profundas.

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