¿Jabalíes en la huerta? No desesperes

El Sol aumenta cada día su recorrido y el calor regresa de nuevo. La primavera despierta desvelando su esplendor.

Las raíces mantenidas bajo tierra en el invierno se vuelven duras y fibrosas al tiempo que los tallos comienzan a espigar. Las hojas anchas y carnosas se vuelven más pequeñas, amargas y espinosas. Pronto comenzarán a marchitar. Las encinas, castaños y robles lanzan sus hojas tiernas hacia la nueva luz y las flores estallan inundando con su aroma y su belleza los frutales.

Pero a sus frutos les falta aún mucho para caer maduros.

La primavera alimenta con su luz y su belleza mucho más que con sus frutos. Los ayunos de cuaresma, más allá de la devoción, respondían a un aspecto práctico: las conservas -o la carne- se han ido agotando en el invierno, los cultivos invernales espigan y los del verano aún tienen que crecer y madurar. La naturaleza nos dice que es momento de austeridad, de limpiar el organismo. Dios bendiga a las habas y guisantes que nutren con su verde sutileza nuestros esfuerzos en estos días de trasplantes, siembras y primeros riegos.

Mucho quehacer en la huerta en estos días. Y no somos los únicos que quieren comer en esta época de natural carestía.

En los últimos días nos esta removiendo la huerta algún animal salvaje, posiblemente un jabalí. No he visto a ninguno; tan solo sus hoyos. Me explicaron hace tiempo que el tejón deja esparcidos agujeros pequeños y cónicos a su paso -creemos que también hemos recibido su visita este invierno, pero he de decir que era un tejón de lo más educado, solo nos agujereaba los pasillos- y el jabalí abre pequeñas zanjas -si hay un punto encharcado también puede que lo elija para darse en él un baño de barro-. Sus huellas también pueden orientarnos.

El otro día nos desenterró una acelga, rompió una tomatera y pisoteó algunos bancales con pequeñas lechugas y zanahorias recién germinadas -se recuperarán-. Hoy otra acelga -eran las dos más viejas y arraigadas de la huerta-, un puñado de ajetes y patatilla.

¿Qué hacer con este ser que viene a destruir nuestro trabajo y alterar nuestro orden?

Nada, por supuesto. RESPIRAR. CONTEMPLAR. MEDITAR.

Recordando que la permacultura trabaja con la naturaleza y con en su contra. Que nuestro primer principio de diseño es observar e interactuar -precisamente en este orden-, sin olvidar que en el problema esta la solución.

Un simple cambio de enfoque resolverá el problema.

¡Gracias hermano jabalí por ahorrarme el esfuerzo de tener que cosechar! Por ayudarme a decidir ante la duda de donde plantar y por aconsejarme sobre la comida de hoy.

¡Gracias por ayudarme a reconocer mi ira!

Tras el enfado inicial, observo que la acelga no está completamente desenterrada; con cuidado le quito casi todas las hojas -lo que facilitara el arraigo de nuevo- y vuelvo a enterrarla, igual que hice el otro día con su prima. Volverán a arraigar si les mantenemos la humedad. Junto con los ajetes y la patatilla y tengo la cena decidida. Además ya ha elegido por mi y trabajado ligeramente algunos espacios, en donde trasplantar los pimientos, la tarea para el día de hoy.

Y mis pensamientos continúan así positivos y puedo seguir ‘tragozando’ -gozando del vergel en que trabajo-.

Ya el otro día instalé una barrera disuasoria en el acceso que llega desde el arroyo. Era una barrera muy sutil, fácilmente franqueable, por que nunca me ha gustado lo de ponerle puertas ni vayas al campo. Además también me limitaba a mi, de modo que le añadí una función y ahora también es mi banco de meditación.

¡No! Debemos reconocer que estas -y otras barreras en nuestro propio interior- nos separan, aíslan y alejan entre nosotras y de la naturaleza. Creo que el objetivo debe ser derribar nuestras puertas y murallas. La naturaleza aquí y ahora llega en forma de jabalí para poner a prueba una vez más nuestro límite, nuestra fe, para ayudarnos a confiar, a ser pacientes. A vencer el miedo para poder integrarnos en su seno desde dentro, desde el corazón.

Además pienso que este jabalí ha de ser entre los suyos como aquellos nuestros héroes revolucionarios; como Pancho Villa, William Wallace o el mismo Jesucristo. Esta huerta era un entorno salvaje -plagado de retamas y zarzas, cierto- hasta hace dos años. A golpe de hoz y de azada lo hemos ido poco a poco liberando y sometiendo a nuestra voluntad. Todo lo consciente -y permaculturalmente- que queramos creer, pero aún bajo la razón e intelecto humanos. ¿Somos menos egoístas que los conquistadores españoles, ingleses o romanos? Yo prefiero elegir la tolerancia, la convivencia y la paciencia. Yo elijo decrecer.

Y vivir en paz, primero por dentro…

Desde que escribí las líneas de más arriba hasta ahora, momento en que publico este post, han pasado varios días. He de decir que mi amigo porcino se ha portado muy bien, sin regresar a causar daños. Es más, me ha brindado el gran honor de poder contemplarlo con total confianza. El otro día, cuando iba a regar, allí estaba. Se asustó cuando llegué a la huerta, pero luego permaneció en su cercanía; pude acercarme a él, él no huyó. No era un gran jabalí, posiblemente un joven adulto, yo escuchaba la hojarasca y entonces… asomó su cabeza entre los helechos… y durante unos instantes nos miramos a los ojos.

Definitivamente estoy muy agradecido de trabajar en un huerto sin vayas.

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