En horticultura se conoce como cama o bancal al área trabajada con el fin de cultivar. Podemos también llamarlo arriate, cantero, parterre, macizo, tabla, tablar, pared o cuadro, dependiendo de donde nos encontremos. A continuación os comparto un método muy efectivo de dar forma a los bancales de nuestro huerto. Espero que os ayude:
A diferencia del sistema de cultivo en surcos, o lomos; en los que se siembra en hileras que se trabajan desde arriba y se pisa junto al cultivo; en el sistema de bancal el espacio se trabaja desde el lado y no se pisa junto a las plantas. Este sistema ofrece varias ventajas: suelo menos compactado, mejor aprovechamiento del agua, incremento de la biodiversidad… Dos sistemas conocidos son el bancal profundo (John Seymour) y la pared en crestall (Gaspar Caballero). Ámbos autores recalcan en sus obras la importancia de contener la humedad en el interior del bancal y nunca pisarlo, para poder mantener así el suelo suelto y ligero.
El antiguo sistema de surcos es un sistema propio del uso del arado y del riego por inundación, métodos tradicionales en los monocultivos. Pero para los huertos orgánicos, en que promovemos el policultivo, el riego localizado y el no-laboreo; elegiremos cultivar en camas, tablares, paredes o bancales permanentes.
1 – La Forma
Voy a explicar el que, a vista de este permacultor, me parece el tipo de bancal más versátil, cómodo y productivo. El sistema que Permacultor Celtíbero utiliza en su huerto. Para que podamos visualizarlo fácilmente, me ha parecido bien compararlo con un volcán.
Cultivaremos en el “cráter”, el cual procuraremos mantener dando forma a las “laderas” y “cornisa”, mientras trabajamos desde la seguridad de la “planicie”.

Dentro de este volcán entrarán en erupción las lechugas, el maíz, los repollos, pimientos, cebollas… ¡hasta las setas!
2 – Dimensiones
Partimos de un rectángulo. Si te apetece, clava 4 estacas y únelas con una cuerda. Puede tener el largo que se desee, pero recomiendo una anchura de entre 1m y 1,20m. Lo ideal (para mí): 1,10m. De hecho considero que la anchura ideal es aquella que nos permita estas dos labores con comodidad:
- Trabajar con una herramienta de mango largo el lado contrario al pasillo que pisamos
- Alcanzar con comodidad el centro del bancal estando en cuclillas o arrodillado
Ni siquiera tendría por que ser rectangular. Puede ser una banda de 1,10m de ancho con la forma que más nos guste: redonda, espiral… o siguiendo la curva de nivel que la pendiente de la finca marque. Lo único es que en estos casos puede no quedar tan definida la anchura, ni la línea que separa bancal y pasillo. ¡Que problemón!
Otro aspecto importante es el tamaño de los pasillos. Aquí lo que cada cual considere como cómodo, según el espacio de huerta de que dispongamos. Cuanto más pasillo, menos espacio para el cultivo; pero si podemos, es buena idea tener amplitud. Os aseguro que pasillos demasiado estrechos quedarán completamente bloqueados por alcachofas, coles, acelgas que espigan y calabazas que se vuelven descomunales.
Entre 60cm y un metro. Yo diría que lo ideal es poder pasar con una carretilla holgadamente entre plantas bien crecidas. O que dos personas se crucen sin problema. Unos 70-80cm. Si contamos con un cortacesped es interesante dar al pasillo el tamaño de éste. Finalmente habrá que diseñar teniendo en cuenta el número de bancales que quepan, su tamaño, la forma del huerto, el riego…
3 – Riego
El sistema de riego ha de diseñarse con esmero antes de hacer ningún bancal. Recordemos que el diseño eficiente es la clave de la permacultura y que gastar el 80% de nuestro tiempo en el diseño y el 20% en la construcción nos ahorrará muchos esfuerzos futuros.
Debemos primero llevar el agua allá donde queramos plantar ¡y no al revés! Dibujaremos un plano de nuestro terreno, ahí ubicaremos los bancales y los tubos principales, desde los que saldrán tubos secundarios, uno para cada bancal. Cada tubo secundario se divide en tres por medio de una (pieza llamada) cruz. Dos segmentos pequeños de tubo (25-30cm según la anchura del bancal) y dos (piezas llamadas) codos.
Podemos poner una llave de paso para cada bancal. O tres: uno por cada línea. Depende de la inversión que queramos realizar. Con un grifo por cada línea podemos ahorrar más agua, eligiendo sembrar por completo una o dos líneas y dejar una cerrada. También puede ser muy acertado incluir aparatos de riego automatizado (temporizadores electro-válvula) con este fin. Aconsejo con énfasis buscar piezas de calidad. Los grifos muchas veces se pisan, es normal, pero hay grifos que están fabricados para romperse (ya sebeis); si podéis, buscad el modelo verde de la foto de más abajo.

Podemos elegir tubo con gotero interlinea, taladrado, cinta de exudación… Pero mi opción ideal es gastar tiempo y dinero en pinchar cada 20cm goteos de caudal regulable. En mi huerto uso el tipo “cherry” (como los que se ven en las fotos siguientes) ya que el agua tiene cal y este modelo se atora poco; pero a veces pasa de no soltar agua a formar un gran charco al abrirlo solo un poquito. Hay varios modelos, probad en un primer bancal e id ajustando vuestro diseño inicial lentamente, bancal por bancal. Será necesario un sacabocados y un buen brazo. Pero merece mucho la pena poder regular la cantidad de agua que cae a cada planta. Así, cultivos que necesitan más humedad conviven junto a plantas de secano. Si se atascan con la cal, quitamos las cabezas y las sumergimos en vinagre.
Una fórmula es tener todos los bancales del mismo tamaño, así todas las líneas de riego serán igual de largas. Podemos contar con varios tipos y usar uno y otro dependiendo del cultivo y sus requerimientos de riego.
Una minucia más será colocar los reguladores de las líneas laterales de modo que no queden enfrentados entre sí (el primero de un lado a 10cm y a 20cm el del otro lado). De modo que si, usando la cruz como eje, queremos intercambiarlos de lado, regaríamos y podríamos cultivar en puntos que antes no cultivábamos, una sencilla rotación.
Debemos tener en cuenta todo esto antes de comenzar a clavar estacas o mover el suelo. Tomar medidas, recorrer el espacio una y otra vez, pasar tiempo en el terreno, observar el Sol, la estrella Polar, la pendiente del terreno, meditar, cagar… observar e interactuar. Y hacernos uno o varios dibujos. Como ya he dicho la cama puede ser recta, circular, seguir la curva de nivel… con sistema de riego o de secano:
4 – Construcción
Se trata de un bancal permanente. Esto significa que no se labra (ver Técnicas de No-Laboreo). Por ello al principio debemos dedicarle un poco más de atención. Lo usual sería partirse el espinazo añadiendo estiércol, removerlo bien con la azada, la pala, el bieldo, o la horca de doble mango (o el motocultor) para que la tierra quede bien abonada y esponjosa, añadiendo tierra del pasillo para elevarlo, etc. Finalmente colocamos el tubo de riego. Si queremos empezar a producir en abundancia, enseguida, esta sería una forma. (Aquí explico otro método para construir un bancal).
Otra forma más natural (y lenta hay que decir) sería la siguiente:
Damos a nuestro rectángulo la forma de volcán; arrastrando al borde algo de tierra del centro y el pasillo. Colocamos el tubo de riego, lo llenamos de agua. Y esperamos hasta que el volcán entre en erupción.
Huelga decir que antes habrá que haberlo sembrado de fogosas semillas. Para esta primera siembra escogeremos una mezcla de crucíferas, gramíneas y leguminosas. Mostaza+Sorgo+Guisantes o Berza+Centeno+Guisantes (para invierno) o Rúcula+Maíz+Judías (para una primera producción veraniega). Recordemos los beneficios de esta triada: la crucífera rompe el suelo en profundidad; la gramínea lo descompacta en superficie y la leguminosa lo nitrogena. Luego lo ideal será segarlo durante la floración y dejar los restos como acolchado. Podemos escoger entre diferentes hierbas para mejorar nuestro suelo de forma natural. Tras éste primer abono verde la tierra mejorará con cada nueva estación si tenemos la conciencia y el cuidado adecuados.
Al no haber invertido los horizones mantenemos la estructura natural del suelo. Si en algún momento queremos darle cierta labor podemos usar la horca de doble mango.
5 – Mantenimiento
Si cultivamos de forma constante, mantenemos constantemente un relativo nivel de humedad, bajo una buena capa de acolchado que aportamos constantemente, rociamos con microorganismos efectivos con constancia y somos constantes en nuestra práctica hortícola natural; este bancal producirá comida de forma constante.
Considero como práctica hortícola natural el salir cada mañana a disfrutar bajo el Sol de un espacio lleno de vida, paz y equilibrio. Un lugar en donde de hace un poco de todo cada poco tiempo, sin épocas de siembra, cosechas ni momentos críticos. Cada día pasea por los pasillos, entre nuestras camas abundantemente cultivadas. Sintiendo en cada momento qué hierbas deben quedarse y cuales pueden comenzar a formar parte de la capa de acolchado. Cosechando cada día las verduras de la comida y la cena, unas hierbas para la infusión, comiendo una fruta a la sombra de nuestro frutal.
Cuanta más constancia, mayor beneficio. No hay que permitir que el suelo se seque, queremos mantener una ingente cantidad de lombrices bajo él. Acolcharemos con todo resto y hierba que no vaya a la cocina, fertilizaremos con purines y nunca… ¡importante!… Nunca pisamos dentro del volcán.
Sembraremos semilleros de forma habitual, con lo que tendremos un constante volumen de plantitas para trasplantar. Cuando una planta ya no es productiva, la cortamos en trocitos con las tijeras de mano o de poda y acolchamos con ella.
6 – El efecto borde
El borde que se crea en la “ladera del volcán” y “cornisa del cráter” es el lugar ideal en donde colocar trozos más grandes y duros de plantas, como los tallos de pimientos o espigas de maíces. También donde dejar la hierba que arrancamos o cortamos entre nuestras plantas cultivadas en el «crater”. Este será un lugar especial en donde se creará un pequeño microclima, una reserva de acolchado y de compost. Luego que el acolchado esté seco podemos colocarlo donde queramos. En las eventuales labores en que recalcemos y reconstruyamos el borde (“la ladera”) el humus resultado de la materia descompuesta caerá dentro del «crater».
Es muy beneficioso que respetemos en gran medida la flora adventicia que crece en nuestra cama de cultivo, siempre; pero en este caso es muy, pero que muy beneficioso que respetemos las plantas que crecen en la “ladera” de nuestro bancal. Esta pequeña franja selvática puede ser una fuente continua de material de acolchado si la gestionamos de la forma adecuada.
También en los pasillos debemos respetar a las hierbas. De vez en cuando las cortaremos (a mano, con hoz, desbrozadora o cortacesped) y dejaremos en el lugar. Un pasillo de pasto pisable es un almacén de energía en forma de biomasa, bien segado puede ser más ventajoso que una tierra seca acolchada. Es mejor arrancar de raíz entre cultivos, pero tampoco es obligatorio. Un dicho africano, que me gusta mucho y considero muy cierto, dice:
En la selva, las ramas compiten y las raíces se abrazan.
7 – El bancal sinérgico
Como ya he dicho, el ideal para este Celtíbero es cultivar sin ningún tipo de plan, o con un plan muy básico, quizá consultando el calendario biodinámico cada mañana, después del yoga y el desayuno. Unos días se siembra algo y otros días se trasplanta otra cosa. ¡Y muchas veces hasta se descansa y no se hace nada!
A la hora de trasplantar elegiremos las ubicaciones de cada planta teniendo en cuenta nuestro sentir, haciendo un poco de memoria y con sentido común. Pero mayoritariamente al azar, cerca de algún goteo.
Podemos liberar una línea en un lugar concreto para poner una fila de guisantes, habas, tomateras, pepinos u otras plantas que requieran una estructura para enredarse. O permitirles que se enreden en otra planta. Podemos dejar que todo aquello que desconocemos crezca y madure, aprendiendo con el tiempo sobre las innumerables formas de la naturaleza, trabajando junto a ella. Podemos pinchar las ramas de los chupones que hemos podado en nuestros frutales, incrementando así el número de árboles y arbustos de nuestro huerto. Nunca la cantidad de biomasa será poca a la hora de acolchar con ella nuestros volcanes.
Como digo; estoy exponiendo un método en el que técnicas de policultivos, rotaciones y asociaciones son trascendidas para ir un paso más allá. Algunos empleamos el término agricultura regenerativa. Emilia Haezlip lo llamó agricultura sinérgica; Fukuoka y Jamchen agricultura natural. El huerto convencional debe ir pareciendose cada vez más al Bosque Natural de Alimentos. Un sistema permacultural en donde el esfuerzo se reduce y se incrementa el rendimiento.
Un lugar para contemplar y meditar. Un sistema en donde “trasubir” con el ánimo de compartir, con el único deseo de tener para poder dar, para regalar, sin ningún miedo a que nos vaya a faltar de algo. Poco a poco, cada día, podemos elegir encaminarnos hacía esta realidad. Con valor. Es una gran falta de respeto hacia los espíritus de la naturaleza el vivir con miedo. Debemos honrarlos a ellos y a la Gran Madre Divina. Siempre será mucho más importante compartir nuestros huertos que aislarse (y adoctrinar) según uno u otro método o sistema. Lo más importante para ser un buen ecólogo es tener fe. Cuanta más; mejor.
Muchas gracias por compartir tu tiempo conmigo, espero que estos pequeños consejos te ayuden. Aunque son fruto de la experiencia, no los tomes como doctrina, por favor; son solo las cosillas de un curioso y alocado permacultor.







































Sigo con mucho interés tus publicaciones. Haces una labor de difusión muy interesante. Gracias.
Muchas gracias Juan. Me alegra que haya personas que se interesen por la permacultura y las formas sostenibles de vivir en este mundo. Espero poder seguir viviendo una vida junto a la naturaleza, compartir lo que ella me enseña y que esto os sirva de ayuda a los demás.