Principio 6: No producir desperdicios

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“Evitando producir residuos, se evita generar carencia”

                          “Más vale prevenir que curar”

La mejor forma de reducir nuestra basura consiste en no comprarla. Al visitar el supermercado con mirada crítica descubriremos como todos los productos llevan asociado un envase (incluso las frutas y verduras). Vivimos deprisa, comemos deprisa y dejamos a nuestro paso un reguero de basura que muchas veces ya era inútil antes de comprarla.

Luego, cuando nuestro trabajo nos otorga un merecido descanso, huimos de la cuidad, buscamos ambientes naturales, nuevas experiencias, nuevas culturas… pero ya no encontramos nada nuevo. Los mismos plásticos adornan los arcenes de todas las carreteras del mundo, los mismos botes de cerveza y latas de refrescos se pueden encontrar sobresaliendo entre la hojarasca de cualquier bosque, en la cima de cualquier montaña podemos encontrar colillas de cigarro, y espuma en los remansos de cualquier rio . En todas las playas del mundo la arena esta enterrando redes y boyas de pesca, poliespan, poliuretano, bolsas, botellas, tapones, tampones y bastoncillos.

Estos ambientes no consiguen regalarnos su belleza, nuestra mente no es capaz de desconectar. Somos responsables de la basura del mundo, todos lo sabemos, nuestra conciencia nos lo recuerda cada vez que la vemos. Y la cantidad de basura es tan grande que ya nos impide actuar, nos abruma. Al sentir que no podemos hacer nada nos rendimos y el circulo vicioso crece y crece cada día.

“No heredamos la tierra de nuestros ancestros, la tomamos prestada de nuestros hijos”. Proverbio nativo americano.

  Calma.

Seguramente no nos haga falta mucho más. Un poco de calma y tranquilidad en nuestras vidas nos aportará un punto de vista más amplio en cada uno de nuestros actos. A la hora de comprar, en el momento de cocinar, incluso a la hora de comer. Consumiremos mejor y ganaremos calidad de vida.

Priorizando los productos frescos y las comidas caseras reduciremos los envases que desperdiciamos y el desperdicio que genera la comida rápida. Comprando en pequeñas tiendas, mercadillos y mercados de abastos, productos a granel y por peso, reduciremos de forma muy significativa el gasto en plásticos y envases. Organizándonos en grupos de consumo podemos ahorrar el vez que reducir.

Siempre insistiré: es el consumidor quien tiene el poder de acabar con la obsolescencia programada. Comprando máquinas y aparatos de calidad, probando y siendo críticos en los usos que damos a cada utensilio. Dando prioridad a productos cercanos, a empresas y comercios pequeños y locales. Cuanto mayor sea la cercanía mayor será la garantía.

El concepto es sencillo: no comprar basura.

Aún así, cuando la tengamos (o si la encontramos tirada por ahí) podemos seguir aprovechándola. Debemos ser imaginativos con los desperdicios que, por desgracia, conviven con nosotros. El reciclaje debe ir mucho más lejos del uso que dan las empresas especializadas, reaprovechando todo lo posible. Reutilizando una y otra vez, alargando la vida de las cosas que utilizamos.

Botellas de cristal como tragaluces o de plástico en invernaderos, cartones de leche utilizados como tejas, latas de conservas como macetas, botes de cristal para nuestras propias conservas o neumáticos empleados en muros son solo algunos ejemplos, de los miles que podemos imaginar.

“Lo bello vale tanto como lo útil”. Victo Hugo.

Lo mejor: cultiva y produce en tu propio hogar todo lo que puedas. Nuestro sistema de diseño nos ayudará, recuerda que un desperdicio no es sino un elemento de nuestro sistema que no puede ser aprovechado por otro elemento.

Por último añadir que debemos unirnos y presionar a los gobiernos para que tomen partido, se involucren y pongan sobre la mesa políticas reales y lógicas para tratar los residuos. No puede ser que cada pueblo cuente con decenas de tiendas pero solo con un punto verde. Cada negocio debiera hacerse responsable de los residuos que de sus puertas salieron (son quienes mejor los podrán reciclar). Éste sería el principio básico de una economía circular verdadera. Todo lo puramente inservible (que no será si respondemos creativamente), roto e inservible, debe ser gestionado (¡Todo!), reciclado o degradado del modo menos contaminante posible; por favor, sin mandárselo a otros (nuestros vecinos de arriba, de abajo o del otro lado), quemarlos sin más o enterrarlos para nuestros nietos.

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