Visto lo visto (y quien quiera mirar para otro lado es libre de hacerlo), cada vez mas resulta indispensble que los horticultores y agricultores guardemos nuestras propias simientes. En este mundo de locos, el guardián de las semillas tiene un papel fundamental para el desarrollo sostenible de la agricultura.
Este verano he aprendido algunos truquillos que nos facilitan la tarea de guardar nuestras semillas, a la vez que nos ayudaran a conservarlas mejor y por mas tiempo. Y algo que es muy importante: proveernos de una gran cantidad de ellas.
Os voy a explicar como hago con los tomates, por ejemplo. A todo horticultor le gusta cultivar esta planta (el tomate es sin duda el rey de los huertos), por su sabor tan distinto de el que podemos encontrar en los comercios. Si somos capaces ademas de cultivar diversas variedades, podemos hacer del paseo por nuestro huerto una maravillosoa degustacion, no solo de sabores, sino también de formas, texturas y colores.
Y no tiene por que ser complicado guardar todas las semillas de todas nuestras variedades. La clave esta en la organización y en la correcta etiquetacion de cada variedad durante todo el proceso.
Podemos reciclar botellas de plástico usadas, como recipientes. Y en cada uno de ellos vamos dejando varios tomates de cada variedad. Tenemos que ser generosos con la cantidad de tomates que reservamos para este fin, se que a todos nos gusta comerlos, pero sin duda sera un acierto para el futuro el que guardemos la mayor cantidad de tomates, y siempre los que nos resulten mas sabrosos, de las plantas mas sanas o de aquellos cuyas características queramos perpetuar.
Importante!!! Escribir con un rotulador permanente en cada botella la semilla que vamos a guardar.
Una vez que todas nuestras botellas están llenas de tomates… los espachurramos. Aqui… que cada cual se busque la vida. Imaginación al poder! Aqui empleamos unos palos largos cortados de plano para ello. Podemos también agregar agua para facilitar el proceso.
Nos quedara una especie de papilla de tomate. La intención es que la mayor cantidad posible de semillas se separe de la pulpa. Añadimos agua hasta rellenar casi todo el recipiente. Durante los próximos dias observaremos como esta papilla comienza a fermentar. Este es un proceso importante, ya que la semilla de tomate esta envuelta en una capa gelatinosa que debemos romper para mejorar su poder germinativo. De igual modo, esta fermentación hara que la pulpa suba a la superficie del recipiente, mientras que las semillas (las buenas semillas) quedaran en el fondo.
Retiramos (con una simple cuchara, por ejemplo) la capa de pulpa. Es cierto que dependiendo de la variedad de tomate y de la cantidad de «carne» que este posea, este proceso diferenciador sera mas o menos perceptible. En algunos toda la pulpa y el agua quedaran prácticamente mezclados, pero siempre las semillas quedaran al fondo de nuestra botella.
Luego colocamos las semillas del fondo en un colador, y las pasamos bajo el chorro del agua. Y ya bien limpias las ponemos sobre un trapo de cocina. He visto muchas veces a quien las coloca sobre una simple servilleta o cualquier otro papel. No es muy adecuado. Una vez que se sequen las semillas quedaran todas pegadas al papel y nos costara un sobresfuerzo separarlas. Hay mucho trapo viejo para sustituir al papel (luego se lava y listo).
Importantisimo!!! Volvemos a etiquetar correctamente cada uno de los montoncitos de semillas con un papelito. Dejamos un día mas a que nuestras semillas se sequen y grupo a grupo las vamos empaquetando. Lo mejor son las bolsitas de plástico que se cierran herméticamente, pero si no contamos con ellas podemos hacer unos sobres de papel. Eso si, ahora si que debemos de escribir muy claramente la Hortaliza que guardamos (tomate), a variedad (green zebra, por ejemplo) y la fecha en que la hemos guardado.
Un ejemplo mas, las semillas de lechuga. Dejamos cuatro o cinco fantásticas lechugas de nuestro huerto… ahí… olvidas. Y cuando veamos que espigan y que comienzan a echar flores y semillas (estas son muy pequeñas y tienen un plumero blanco en un extremo), volvemos a acordarnos de ellas.
Cogemos una bolsa, le damos la vuelta, metemos el ramillete final de la lechuga dentro, cerramos la bolsa con el ramillete dentro, la inclinamos ligeramente (con cuidado de no romper la lechuga) y la sacudimos o golpeamos delicadamente. Las semillas maduras caerán en la bolsa. Y así hasta que tengamos un buen montón.
Observaremos que ademas de semillas hemos recolectado otras cosas. Pelillos blancos, ramillas y pajillas secas y un mogollón de insectos que vivían felices.
Ahí va el truco. Para quitar los insectos se colocan todas las semillas extendidas sobre un plato o bandeja al sol durante un caluroso mediodía. Por la tarde observaremos que los insectos se marcharon (quien sabe donde). Al mediodia también es usual que sople una ligera brisa. El aire de aventar (o algo así que decían antes). Al aventado es lanzar o dejar caer la simiente a través de una corriente de aire para separarla de la paja. Sencillamente: un recipiente arriba, un recipiente abajo, una ligera brisa de por medio y listo. Si no hay mucho viento, y no son muchas las semillas (como en la lechuga) se puede sencillamente soplar. Ponemos el de arriba abajo, el de abajo arriba y repetimos las veces que haga falta hasta que estén bien limpias. Muchas irán a parar al suelo, asi que elegir inteligentemente el lugar donde hacéis esta labor.
Guardar y etiquetar como dije antes. Sabeis que? Si guardamos las semillas en el frigorífico, a una temperatura de unos 4° se pueden conservar muchos muchos anos (o eso tengo entendido, por que a mi me tiraron la colección).
Otras semillas, como las de cebolla, están envueltas en una especie de capsula. Atar una bolsita de papel alrededor de la flor cuando las semillas comienzan a madurar, cuando el tallo y la flor estan completamente secas, se corta el tallo, se espachurra bien la flor dentro de la bolsa y se queda uno con las semillas (todo llenas de pajilla). Truco: una tabla de cortar (de madera) debajo y otra encima y las semillas (con o sin salvado) en medio; y giramos y aplastados como si fuese un molino. No hace falta ser muy animal con un poco es bastante para romper las envolturas y liberar las negras y relucientes semillitas.
Aventar, embolsar, etiquetar y guardar.
Guardar, guardar y guardar, no lo olvidéis. Guardar nuestras propias semillas nos hará libres, a nosotros a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos.
Disculpar por las faltas de ortografia, no tengo el teclado adecuado.
Una abrazo fuerte, amigos permacultores.
