«La palabra misma es una contracción no sólo de agricultura permanente sino también de cutura permanente, pues las culturas no pueden sobrevivir por mucho tiempo sin una base agraria sostenible y una ética del uso de la tierra».
Bill Mollison
El ser humano ha vivido durante las últimas décadas un crecimiento demográfico, industrial, tecnológico y científico como nunca antes se había dado a lo largo de la historia. Impulsada por la fuerza de los combustibles fósiles (carbón, gas y petróleo), nuestra civilización ha sometido a su voluntad ecosistemas, animales, plantas y al propio entorno para nuestra comodidad y disfrute.
El impacto de nuestros actos es perceptible en cualquier lugar de la Tierra.
Nuestro planeta no es infinito, ni lo son sus recursos. La vida en la Tierra se sustenta gracias a un delicado equilibrio en el que todos sus elementos (clima, océanos, plantas, animales, agua, microorganismos, el resto de planetas, etc.) cumplen una función específica, única y necesaria. Hoy, los ecosistemas y los ciclos naturales del planeta han alcanzado niveles de desequilibrio críticos. La avaricia humana esta consumiendo el mundo.
La supervivencia de un alto porcentaje de las especies que pueblan la Tierra (incluidos nosotros mismos) esta comprometida. Vivimos inmersos en un periodo de extinción, tan devastador como el que acabó con los dinosaurios. Los paleontologos la llaman «La 6ª extinción». En un contexto geológico se conoce como «Antropoceno».
Lamentablemente nos estamos dejando llevar por nuestro lado más egoísta. Gobiernos e instituciones se encuentran corrompidos y sus políticas desvirtuadas. La desconexión del ser humano con la naturaleza puede extrapolarse a una dexconexión en nuestra sociedad. Nos hemos dejado llevar por la ilusión del mundo, viendo el lado negativo, creyendo que la competitividad y la acumulación de riquezas materiales son la clave de la supervivencia. Expoltando nuestro pequeño mundo a un ritmo que no puede soportar. Basando la economía de nuestra sociedad en un imposible crecimiento infinito.
La naturaleza coopera más que compite. El balance entre lo que se toma de la naturaleza y se devuelve ha de ser 0. Nuestra pretensión ha de decrecer.
Afortunadamente el desarrollo humano también nos ha proporcionado poderosísimas herramientas, tecnologías y conocimientos. Las telecomunicaciones actuales han unido a todas las culturas en una sociedad común y los descubrimientos científicos nos han permitido conocer la vastedad del universo y el minúsculo lugar que ocupamos en él.
Nos encontramos en el momento apropiado; todos los acontecimientos de nuestra historia, toda la humanidad que nos precedió nos piden que afrontemos con valor el tiempo que nos ha tocado vivir. A todos nos toca decidir: unirnos y afrontar juntos las consecuencias de los errores cometidos… o perecer. Construir una nueva sociedad basada en principios y aptitudes positivas, una cultura de paz, esta en tu mano.
Cuidar de la Tierra, Cuidar de las personas y Compartir los bienes que la Naturaleza nos regala son las tres éticas básicas que hacen de la Permacultura la llave para la construcción del mejor futuro con el que podamos soñar.


