Principio 4: Aplicar Autorregulación y Retroalimentación (Feedback)

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“Las acciones de los padres afectan a los hijos hasta la séptima generación”

Lo que en un principio parecía ordenado puede convertirse en caótico si se nos escapa de las manos. Cuando diseñamos nuestro sistema debemos incluir en él métodos, actuaciones o tecnología que nos sirvan para hacer un análisis periódico del crecimiento descontrolado o desmedido. Del mismo modo, debemos establecer límites en nuestros sistemas de crecimiento si no queremos sobrecargar al sistema.

“Un caracol sabe hasta donde puede crecer”

Llegado a cierto tamaño, una vuelta más a su espiral aumentaría el tamaño del caracol por dieciseis, de modo que detiene su crecimiento, viviendo en equilibrio con los recursos que necesita.

La autorregulación puede implantarse a todos los niveles: desde la cantidad de azúcar que uno consume, hasta la cantidad de habitantes que una ciudad puede soportar; pero en mi opinión, debemos empezar sobre nosotros mismos.
Si construimos una casa para que en ella vivan cinco personas, seis personas podrán vivir, pero con incomodidad. Esto no significa que no podamos acoger a alguien en un momento dado, pero (y esto es difícil) habrá que reconocer los límites y no tener miedo de aplicarlos. Reconocer todos los límites en el momento inicial del diseño nos evitará terribles consecuencias, pues un ambiente caótico puede crecer y crecer hasta auto-destruirse. O destruir a quienes lo habitan.

Si la leña escasea, el uso de la sierra de mano en lugar de la motosierra, limitará su consumo (y nos calentará dos veces).

Los límites a la población son un tema controvertido, pero en un mundo sobrepoblado de humanos, en el que cada año consumimos casi el doble de los recursos que la tierra produce de forma sostenible, debemos afrontarlo sin tabues, con sentido común, respeto y siempre desde la libertad. No se trata de hablar de eugenesia, Dios nos libre; sino de asumir los límites que los entornos ofrecen (agua, clima, capacidad de reciclaje, …), estimar unas cifras de población límite y sugerir a las parejas sobre el número de hijos que deberían tener para que éstos puedan disfrutar durante su vida de recursos locales en abundancia. Desde la libertad, repito.

La retroalimentación (feedback) es un fenómeno natural que debemos observar y aceptar. Nos guía hacia el futuro sostenible de nuestras acciones.
Si iniciamos un cañaveral en la parte húmeda de nuestra granja, cuando pasados unos años éste se extiende de manera desmesurada ocupándonos parte de la huerta, estamos recibiendo una respuesta por parte del sistema sobre cómo y dónde deben plantarse cañas.

Si programamos un evento y a éste acude un gran número de asistentes, sabremos que la temática sobre la que el evento versa atrae a muchas personas, luego podremos potenciarla entre nuestras actividades.
La retroalimentación puede ser positiva o negativa: podemos recibir respuesta por parte del sistema sobre lo que hacemos de manera acertada o en qué nos estamos equivocando. Un ejercicio de auto-análisis nos encaminará hacia la opción más equilibrada y sostenible.

“Quien todo lo quiere, todo lo pierde”.

Si nuestra granja solo puede alimentar holgadamente a diez personas, construimos dos únicas viviendas (si suponemos un máximo de cinco personas por familia). Tres familias sobrecargarían los límites de la autosuficiencia. Conseguimos así que sea más difícil llegar a la situación límite. Si queremos limitar el crecimiento del cañaveral lo trasladaremos a una zona con menor humedad. En la zona húmeda plantaremos conjuntos de plantas cuyos efectos queramos potenciar, como el huerto sinérgico o el bosque comestible. Siendo conscientes en todo momento de los límites que tanto nosotros (autorregulación) como el entorno (feedback) nos imponen, avanzaremos en equilibrio.

Existe en economía la «Ley del 80/20» (no es tanto una ley como un principio). Que conjetura un principio curioso: el 20% de nuestro esfuerzo genera el 80% del resultado. Así pues será inteligente analizar las respuestas positivas y negativas de nuestro sistema para poder enfocarnos en ese 20% de nuestro trabajo que nos produce mayores beneficios. Si aplicamos a este 20% medidas de retroalimentación positivas podremos mejorar nuestros rendimientos o ingresos.

Las medidas de autorregulación y retroalimentación pueden aplicarse a sistemas, elementos de nuestro sistema e incluso sobre nosotras mismas.

Todo molino eólico necesita de un sistema de frenado cuando el viento arrecia (RetroAl. -) y toda placa solar será más eficiente si destina parte de su energía en seguir el movimiento del Sol (RetroAl. +).
Concienciarnos de este principio es difícil. La sociedad nos anhela a tenerlo todo sin pensar en las consecuencias. Pero regulando lo que tenemos, sin que ello suponga un trauma, nos aportará más en el futuro y nos evitaremos desengaños o sorpresas.

Quizá los amigos deseen con todas sus fuerzas que les invitemos a comerse una buena trucha pescada en el rio cercano a la finca, pero si el río tiene abundancia de cangrejos y pocas truchas, el cuarto principio de la permacultura nos anima a cocinarles una caldereta de cangrejo, y…

“el que quiera peces, que se moje el culo”.

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