Este ha sido un fin de semana intenso en la capital. Muchos quehaceres para un viaje que, como muchas veces suele ocurrir, se me ha alargado un poco más de lo que pensaba. Las razones de la visita eran varias. ¿Importantes? Pasar a recoger mi vieja máquina de escribir, tras haber sido reparada y dinamizar un taller de introducción a la Permacultura Urbana. Luego, de paso… fueron surgiendo “cosillas”.
Como que la máquina no estaría lista hasta el lunes. Pues muy bien.
El sábado por la mañana amaneció nublado y húmero en Madrid. No impidió eso que al menos una veintena de madrileñas comprometidas e inquietas se acercasen al espacio autogestionado EVA (Espacio Vecinal Arganzuela) para participar en este taller introductorio a los principios, la ética y los métodos que la Permacultura nos ofrece para diseñar nuestro medioambiente; centrándonos en este caso en las fórmulas que pudiésemos descubrir o que ya se están implantando en las ciudades.
El ambiente urbano es un medio muy complejo que requiere del compromiso de sus ciudadanas para conseguir alcanzar un futuro estado de equilibrio. Muchos cambios habrán de darse. Algunos ya están ocurriendo. Otros aún ni tan siquiera los hemos imaginado. Pero durante estas cuatro horas (un poco alargadas) que compartimos en EVArganzuela todas nos volvemos un poquito más preparadas para afrontar nuestros personales retos del día a día. Ya sea en la ciudad o en cualquier parte.
Quiero creer que tal y como era mi intención este taller haya resultado ameno y divertido a todas las que asististeis, que al día siguiente hayáis contado con mayores capacidades con que incidir en vuestro entorno, con nuevas herramientas, ideas o conceptos para que vuestros proyectos avancen. Para que vuestros sueños se encuentren un poco más cerca.
Un breve repaso a la historia y la filosofía tras el concepto de Permacultura, revisando el propio concepto y su definición, un poco de ejercicio mental para las mentes y emociones urbanícolas y alguna dinámica colectiva; en la que hemos descubierto que, si las gallinas no nos ponen huevos, podemos acabar formando un coro espectacular. No todo va a ser escuchar pasivamente. En perma nos gusta la acción y todas somos elementos de acción en este sistema. En el que cada cual ha de avanzar a su ritmo, pero teniendo las metas claras. Recordamos en esta mañana que no avanzamos solas, que muchos de nuestros objetivos son comunes y que si no podemos hacerles frente solas, tenemos compañeras que estarán ahí para ayudarnos. Pues aprendimos que la permacultura es compartir.
Por ejemplo a través de nuestras redes:
https://permaculturacentro.wordpress.com/
https://www.permaculturaibera.org/
Lamentable ¡o afortunadamente! La mañana no nos dio tiempo para todo y nos quedamos con dudas, con temas en el tintero y la práctica un poco apresurada. Habrá que hacer otro taller únicamente para hablar sobre microorganismos y la joven lechuga que transportaba casi no hubo tiempo de trasplantarla a una “permaceta” de material reciclado cuyo diseño (como vimos las cuatro últimas compañeras que quedamos) necesita una pequeña revisión.
“ 7 R” Reutilizar, Reparar, etc.
Optimiza al 100% el uso de cada recurso
Grupos de baile
Aprender con mis amigos a hacer un huerto
Abrir parques a desarrollo natural
Observar la posición del sol al diseñar edificios
Compostar
….
Estas son solo algunas de las propuestas que las jóvenes permacultoras imaginan y promueven para la construcción de una nueva ciudad. Hoy estos sueños están un poquito más cerca.
Gracias a todas las que asististeis a vuestra energía, vuestra presencia y vuestro abrazo.

Como bien dije al comienzo el fin de semana se me iba a alargar un poco más de lo deseado en un principio, una circunstancia más para transformar a mi favor y buscar el modo de aprovechar e incidir más aún en mi estancia en la ciudad.
Una convocatoria había captado mi atención:

Hace unos diez meses que conocí el espacio de Huerto Maravillas (en la calle Antonio Grillo), en el centro de Madrid. En Malasaña. Un barrio pequeño, que siempre se me antojó bohemio, frio y oscuro, pero con una gran vida, pluralidad e iniciativa. No abundan los espacios como éste en el centro de la capital. Y es una lástima que no sean más las madrileñas que se acerquen a disfrutar de esta maravilla de espacio. De este oasis.
Un huerto. Unos pequeños grupos de plantas que crecen a ras de suelo parece una especie de ofensa a los altos edificios que lo rodean. Observar el verdor de sus coles, saborear el frescor del apio recién cosechado con tus propias manos, disfrutar de relajante ambiente en compañía de tus propias vecinas, colaborando, conociéndose, intercambiando vidas es algo que el frío cemento no puedo proporcionar.
Aun así, el ayuntamiento de Madrid ha ordenado desalojar.
Si todo sigue el curso de lo que nuestra sociedad ha construido en base a unas leyes que nos aseguran el estado que llaman de bienestar, todo esto, este valor inmaterial, cultura, natural y humano quedará en manos del monstruo que hemos creado. Para ser aferrado entre sus corrompidos y grasientos dedos, engullido por su boca de largos labios de ambición, masticado sin compasión por sus podridos e inmorales dientes y digerido en su enfermo estómago.
¿Para qué? Para cagar otra mierda de edificio.
Yo soy hombre de campo, no soy quien para opinar acerca de lo que las madrileñas necesitan o no en su ciudad. Solo sé lo que querría en mi barrio. Lo que necesitaría para vivir con eso que llamamos bienestar y… yo no cambiaría una huerta por un ático de 600 metros con garaje y piscina en La Castellana.
Afortunadamente también son muchas las madrileñas que comparten una visión más realista y cercana con las necesidades y bondades reales de la vida. Madrileñas que luchas y trabajan por este y otros muchos espacios de la ciudad que ahora se están viendo amenazados, ante la falta de compasión, juicio y responsabilidad de nuestros gobernantes. Quienes tienden a dar preferencia al beneficio de unas pocas, sobre el beneficio hacia todas.
Pobres.
Ayer Domingo estuvimos acompañando a las amigas que durante 10 años han construido este maravilloso espacio. Gritando bien fuerte nuestras convicciones. Celebrando y festejando la convivencia, la inclusión, la ecología, el arte urbano, el respeto, el acercamiento, la integración y la naturaleza. Naturaleza bajo nuestros pies. Naturaleza humana.
¡El solar se queda!
Y no me cabe la menor duda de que el solar Maravillas quedará, para siempre.
Si tu también quieres que algo de este lugar quede para ti, haz algo, por poco que sea: puedes firmar su petición online, infórmate acerca de REMA (la nueva Red de Espacios de Madrid Autogestionados) o sigue #ElSolarSeQueda
Simplemente piensa. Piensa en lo que queremos dejar aquí para que mañana lo disfruten nuestras hijas: encuentro y comida sana o división y cemento.
Ahora me dispongo a regresar a La Mancha. Con mi renovada máquina de escribir. A seguir trabajando por lo mismo, ahora desde otro lugar, más pequeño. Más efectivo.
Abrazos a todas las personas que se han cruzado con este loco Celtíbero este fin de semana. Sobre todo a las que me han ayudado a alojarme y que, como siempre, han conseguido que me sienta en casa allá donde esté.
Que la luz se abra entre las nubes y caliente todos vuestros corazones.
