Tecnología Vetiver contra la erosión

 

El viento y principalmente la lluvia pueden causar gran erosión en pendientes y taludes desnudos. Las fuertes lluvias arrastran los sedimentos, agrietan y erosionan el terreno, limpian la primera capa fértil del suelo llevándose consigo minerales y materia orgánica, pueden causar corrimientos de tierra y daños a cultivos y construcciones.

Quiénes conocen el levante alicantino y murciano saben de los peligros que la lluvia puede traer a estas regiones, sobretodo en los casos en que se dan las temidas gotas frías; enormes tormentas en las que una gran cantidad de agua es descargada por las nubes en muy poco tiempo. Cuando se contempla la seca orografía murciana con sus barrancos y escarpados terraplenes se percibe fácilmente este fenómeno.

Es por esto por lo que se hace necesario la intervención en estas laderas de escorrentía, para evitar la erosión, la perdida de tierra y la desertización.

Esta es una actuación que hemos realizado en el Proyecto Rúcula en Mula (Murcia), mediante la cual buscamos frenar el desplazamiento del talud que rodea la parte oeste de la finca. Las lluvias del invierno hicieron daño en este punto, una parte del talud sufrió un corrimiento, desplazando incluso algunos de los jóvenes pinos que crecían en la ladera.

Para ello usamos principalmente la planta Vetiver (Chrysopogon zizanioides) por la facilidad que poseen sus raíces para anclarse y sujetar el suelo, pudiendo llegar a profundidades de más de 5 metros. En nuestra latitud la planta solo se reproduce mediante el rebrote de los hijuelos, lo cual la hace relativamente fácil de controlar. Además es una planta purificadora de aguas, capaz de absorber metales pesados, resiste prácticamente cualquier clima y puede adaptarse a cualquier tipo de suelo.

En las siguientes imágenes podremos observar los efectos de las fuerzas de la naturaleza, Una franja de unos 10 metros de largo se había derrumbado alrededor de 1 metro a favor de la pendiente, desarraigando y desplazando a los jóvenes pinos y sepultando hierbas, el suelo que se había ido creando en los últimos años y algunas gomas del riego por goteo que apenas si pudimos rescatar.

 

Bien, la primera parte del trabajo fue dura. Como dirían: “La vida mala, todo el día pico y pala”. Solo que no estábamos todo el día. Básicamente, lo que hicimos fue abrir unos caminos a lo largo de todo el talud siguiendo en la medida de lo posible las curvas de nivel. Estos caminos nos ofrecen múltiples ventajas:

  • Crean terrazas niveladas que evitan las escorrentías.
  • Nos ofrecen paso y un apoyo para trabajar cómodamente.
  • Nos sirven de base para nuestra plantación de vetiver y árboles.
  • Nos brindan un terreno plano sobre el que tender las líneas de goteo.

No fue tarea fácil. La tierra estaba compactadísima tras el corrimiento y tan solo la punta del pico aplicada con fuerza podía romper algunos terrones, que corrían ladera abajo. Una solución efectiva consistió en clavar algunas varas de bambú en las grietas que se abrían justo debajo de lo que sería nuestro camino; después colocamos algunas cañas y hierbas secas entre estas varas creando un pequeño parapeto contra el que la tierra que quitábamos justo arriba se iba depositando. Aún con eso había de tenerse mucho cuidado de donde pisar.

Cuando nuestros accesos a nivel estuvieron listos probamos a plantar algunas vetiver, pero el suelo estaba muy duro, la tierra muy seca y el final de Julio muy abrasador. Los jóvenes transplantes parecieron secarse al primer día que se nos olvidó regarlos. No, había que hacer las cosas por partes.

Y la primera parte consistía en replantear el sistema de riego (que había sido en parte destruido) y en lanzar nuevas líneas de riego siguiendo los accesos que habíamos escavado.

Lanzamos los goteos y los unimos al resto del sistema mediante grifos con los que poder controlar esta zona con autonomía.

Colocamos con esmero las líneas de goteo sobre las sendas y abrimos la llave de riego durante unas horas para que el agua nos marque los puntos donde transplantar y nos ablande la tierra antes de hacer los hoyos.

Y ya está todo listo para ponernos a… ¡Ah! ¡No, por cierto! Antes de seguir debemos de preparar nuestras plantas de vetiver.

Como todo hoy en día esta planta puede conseguirse en floristerías, viveros o por Internet; pero todo permacultor que se precie debería de tener una mata en su terreno para ocasiones como esta. Añadir que arrancar una mata ya formada de Vetiver, de casi 2 metros de altura, requirió de pico, azadas, pala de corte, un pedazo de agujero y mucho agua para reblandecer el terreno. El siguiente dibujo os explica como hacerlo. Mi recomendación es sembrar un Vetiver en un montículo alto para estos menesteres.

vetiver_dibujoarrancar

Se limpia bien la raíz con agua a chorro y se separan cantos trozos podamos sacar que porten hojas verdes y raíces. No tengamos miedo de romper la planta o las raíces; podemos ayudarnos con tijeras, pala de corte e incluso de la sierra de podar; pero la mejor herramienta serán nuestras manitas. Separamos hijuelos y los dejamos en un cubo con agua en donde podremos haber añadido algún enraizante natural (como el agua de remojar lentejas): Si a esto añadimos algunas acacias, moreras y almeces de nuestro pequeño vivero ya tenemos todo listo para replantar el talud.

Comenzamos nuestros trabajos siempre por la parte de arriba. Hacemos agujeritos en las zonas que el riego ha humedecido (mucho más fácil), añadimos un buen puñado de bocashi (o compost) a cada hoyo y ponemos un Vetiver. Y así uno tras otro. Cada x espacios (según veamos) nos cavamos un hoyo algo más grande y le añadimos una ración extra de bocashi, aquí plantaremos un árbol de entre nuestra colección.

Ya sabemos que los pinos no funcionan demasiado bien para retener el suelo, de modo que probaremos algo nuevo. Las acacias tienen crecimiento rápido, son leguminosas (cuyas raíces aportarán nitrógeno al suelo) y la variedad elegía lanza nuevos rebrotes por las raíces alejados del tronco principal así que nos ayudará a estructurar el talud. En el futuro se podrá hacer un control sobre ella, que nos aportará buena madera y leña. La Morera y el Almez son dos árboles tradicionales del sureste, bien adaptados al clima y el suelo de esta región; caducos y frutales, en verano su sombra se llenará de alegres pájaros.

Y ya está. Poco a poco, línea a línea, agujerito tras agujerito vamos transplantando nuestras plantitas. Mezclamos bien la tierra que hemos sacado con el bocashi, para evitar quemar la raíz y realizamos un pequeño alcorque para almacenar el agua en torno a la planta. Una vez que los tengamos todos recolocamos la goma de goteo para que no les falte agua (al menos ahora que son bebes). Y a esperar que crezcan y sus raíces aseguren nuestro talud.

Un saludo para Carlets y a todos los amigos del Proyecto Rúcula (y un ladrido para Ru), un lugar que crece, “poquet a poquet” en el corazón de Murcia. Si te guste este y otros post de Permacultor Celtíbero no dudes en hacer clic en “Seguir” (y seguir mis andanzas), comentar (para bien o para mal) y compartir en las redes sociales.

Muchas gracias, paz y amor.

 

 

 

 

2 comentarios sobre “Tecnología Vetiver contra la erosión

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