¡Felíz Navidad!

¡Venga, venga! A ver quienes son los primeros en encender las luces. “Este año hemos contratado un servicio más económico y con la nueva tecnología LED la factura se ha visto muy reducida”. Porque claro, los consumidores necesitan mucha luz para saber muy bien lo que compran en medio del Black Friday; si compran el robot aspirador en lugar del robot de cocina son capaces de cenar pelusa en Nochebuena.

Queridas lectoras ya llevaba yo tiempo sin enajenarme, pero es que me he ido a pasear por el campo y he sacado unas cuantas fotos. Y voy a aprovechar hoy para desahogarme un poquito, así ya me pilla mucho más relajado el espíritu navideño.

Bien, ante todo decir que las niñas no tienen la culpa de nada, ellas son sencillamente esponjas que todo lo absorben, que todo lo filtran, valoran, comparan y asimilan. Y que lo único que quieren es: ¡Felicidad!

Y jugar les hace felices.

Todas las niñas juegan, no importa su economía familiar, su religión, su color de pelo… Para ellas no existe otra forma de concebir el Universo sino como un infinito patio de recreo. Esto no admite dudas; si no, observen a las crías de gorila, de pantera o a cualquier cachorro. El juego es el mecanismo natural por el cual los animales conocemos, exploramos y aprendemos sobre el nuevo entorno al que acabamos de llegar.

A los cachorros humanos nos ocurre igual. Y para ayudarnos en este crucial momento de nuestro desarrollo acude en nuestra ayuda el superhéroe más bonachón que nuestra sociedad ha sido capaz de inventar: Papa Noel. Tampoco creo que este pobre padre tenga la culpa de nada, no; mucho me temo que el descalabro lo van a cometer todos los demás.

“A ver… ¿Qué le compramos a la niña este año…?” Anuncios, anuncios y más anuncios; cartita a Papa Noel (o a los Reyes de Oriente que tienen el petróleo más barato); visita a la tienda de juguetes en busca del juguete ideal (o de el del anuncio ideal), presupuesto arriba, presupuesto abajo; mejor no mirar el precio, es lo que la niña quiere, así que…; papel de regalo, lacito dorado y… a esperar la ilusión de la mañana más feliz del año.

¡Navidad!

¡Navidad!

¡Blanca Navidad!

… (nunca he sabido como sigue).

Las niñas se levantan y… ¡Ahhh! Cinco minutos de catatónica alegría. Cinco horas de adoración al dios Juguete. Cinco días de romance con su juguete. Y… (en el mejor de los casos) cinco años de juguete almacenado en la caja de los juguetes. Y este es un final feliz por que si a la pareja… quiero decir si al juguete le da por romperse (cosa no poco común) el romance termina en tragedia y en cinco segundos.

Pero aaayyyyy… ¡Qué son cinco segundos para la vida de una niña! ¡O cinco años para la vida de un juguete! La niña crecerá preparada para afrontar el mundo que la rodea gracias al juguete con que jugó, exploró y aprendió. Pero el juguete, ese pequeño juguete que le hizo elevarse al cielo durante cinco preciosos segundos no desaparecerá del todo, sino que quedará en su interior para el resto de su vida… ¿Cómo?

Pues en forma de microplásticos, por ejemplo. Que contaminarán durante 500 años.

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Microplásticos que quedarán adheridos a los divertículos de su colon, cosa que aunque suene “diver” no lo será tanto, ya que de su correcto estado dependerá su digestión durante toda su vida. También estarán presentes durante toda su vida los ftalatos que colorean los nuevos muñecos de acción. Interferirán esto ftalatos con sus hormonas haciendo de su pubertad algo mucho más confuso. Después todo estará más claro, o eso espero. Espero en que llegue el día en que la cordura predomine por que hoy en día nadie se pone de acuerdo, y menos aún los científicos. Pero estoy seguro de que es más sano un estómago lleno de comida sana, bien cultivada o criada, que de plásticos.

Y también estará mucho más sano nuestro entorno.

Y aquí si que no hablamos de chismes o pseudociencias, sino de algo evidente, que se puede ver y palpar: la degradación del medio ambiente y la puesta en juego de nuestra salud, como consecuencia.

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Por que somos naturaleza, esto es algo que no debemos olvidar. Forma parte de nosotras mismas como nosotras formamos parte de ella. Debemos ser capaces de observarnos como conjunto, pues solo así encontraremos el sentido, el valor y la fuerza para protegerla/protegernos. Cuando las madres piensan en sus hijas sienten que estas forman parte de ellas como si se tratase de su propio corazón. ¡Cuidémoslas! ¡Amémoslas! Démosles lo mejor para ellas, no lo mejor para grandes empresas, grandes almacenes y agencias de publicidad.

Y lo primero que las niñas de nuestro mundo necesitan es un entorno limpio, sano y agradable en donde poder explorar y conocer la naturaleza de que forman parte. ¿Cómo van las niñas a querer salir al campo, a pasear y a jugar en la naturaleza si cuando pasean ya no hay animales que las sorprendan, o árboles a los que trepar? Ya no hay charcas que contemplar durante horas a la espera de ver cruzar nadando la silueta de un grácil tritón. Cómo van las niñas a querer entender la naturaleza de la que forman parte si hemos convertido su naturaleza en esto:

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Todo el plástico contamina, en primer lugar para obtenerse y luego, como residuo no degradable. Todo el plástico flota, luego o bien se queda enterrado (o semienterrado) contaminando nuestros suelos o bien deriva hasta el mar, dónde posiblemente acabe siendo absorbido por la fauna marina y por ende por todos los animales terrestres que comen peces, incluyéndonos a nosotras.

Y esto seguirá ocurriendo durante décadas, tal vez siglos, si no lo detenemos. ¡Venga! ¡Hagámoslo! La solución más fácil será también la más efectiva:

NO COMPRES PLÁSTICO

NO MORE PLASTIC

Estas navidades tu puedes revelarte, sé la heroína que tus hijas necesitan. Regala juguetes de madera, muñecas de tela, puzzles, libros… Invierte el dinero en el futuro de tus hijas, no lo lances al vertedero. Compra juguetes de calidad, juguetes para toda la vida. ¡O mejor aún! Vuelve a tu infancia y juega con ellas de nuevo usando lo poco que entonces teníamos, que es lo más grande que entonces teníamos: la imaginación.

La imaginación. Es un concepto que a mi personalmente me transporta… ¿y a quien no?

¡Por el amor de dios! No permitas que tus hijas pierdan la capacidad de jugar con su imaginación sentándolas frente a una pantalla o permitiendo que se hundan en los niveles de un videojuego. La contaminación de los residuos electrónicos, hipertóxica, tan grave o más que la de los plásticos, podrá ser tan solo un castigo secundario si la comparamos con la destrucción que hemos hecho de nuestra propia capacidad mental, en pos de la tecnología.

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Por favor, enseñad a vuestras hijas la naturaleza; real, viva, activa, deslumbrante, inabarcable… Dejad que corran por ella, que sientan el tacto cálido de un animal, los olores del otoño, la vital luz del Sol, el canto de los pájaros, el frescor de aguas limpias y cristalinas, el color verde.

Limpiemos este mundo comenzando por nuestra propia mentalidad. No les enseñemos el mundo como nostras creemos que es, dejemos que exploren la naturaleza tal y como es en realidad.

Algún día, nos lo agradecerán.

 

Estas son algunas alternativas para tus compras de navidad, juguetes artesanales, educativos y fabricados en madera:

https://www.veobio.es

https://www.jugaia.com

https://www.sinplastico.com/juguetes

O ropa fabricada en Toledo con algodón ecológico de comercio justo:

https://bichobichejo.com

Y os dejo además un informde de WWF y la Universidad Australiana de Newcastle sobre los peligros que el plastico tiene en el medio ambiente y en las personas:

ASSeSSINg pLAStIc INgeStIoN from NAture to peopLe

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