Resulta increíble que vivamos en un mundo en donde el simple hecho de beber agua pueda suponer una amenaza para la salud, pero lamentablemente esto es lo que parece. Nuestro modo de vida y los residuos que generamos están por todas partes y el agua no es una excepción. Tanto que sería muy difícil encontrar aguas que no posean ciertos niveles de metales pesados, nitritos, peligrosos compuestos químicos o microplásticos.
Si te preguntas «¿qué es mejor?» si beber el agua del grifo o comprarla embotellada mi respuesta es simple: ninguna de las dos opciones es 100% saludable. Al igual que todos los productos contenidos en plásticos, el agua embotellada contiene químicos tóxicos como ftaltos o bisfenol-A. Todos los envases de plástico son potencialmente peligrosos pero, si los usas, busca un número dentro de un triangulo: el 2 es posiblemente el menos tóxico y lamentablemente el más difícil de encontrar. No obstante el plástico es uno de los mayores contaminantes del entorno, un peligroso elemento que al ser ingerido causa la muerte por asfixia o inanición de animales acuáticos en mares y océanos, donde su acumulación es catastrófica. Debemos intentar desterrar el plástico de nuestras vidas.
Si decides tomarla directamente del grifo o de alguna fuente de «agua potable» ten en cuenta de que para convertir el agua en «potable» se le ha añadido cierto biocída (generalmente Cloro). Este agua estará seguro libre de Echeritchia Coli y Clostridium, pero contendrá algún resto de Cloro, el cual es un gas venenoso que mata todo lo que toca. Este agua también puede dañar a nuestra microbiología intestinal.
Yo cuando puedo, la voy a buscar a alguna fuente natural o algún pozo antiguo, asumiendo que muy probablemente estas estén contaminadas con nitritos, fertilizantes o plaguicidas químicos. Al menos siempre tomo el agua de mi cantimplora.
Hace un tiempo visité a una amiga, la cual se había construido un fantástico sistema para depurar el agua del grifo. Un método simple y sencillo para depurar, filtrar el agua del grifo y liberarla de cloro, metales pesados y otros tóxicos que pueda contener.
Este sistema puede hacérselo una misma o adquirirse por un ojo de la cara. Se basa en un tipo de filtro llamado Sinai. Lo mejor sin duda, es que nos quedemos con el principio que utiliza este modelo y de este modo podamos adaptarlo a nuestras necesidades de espacio, consumo y limitaciones. La idea es la siguiente:

En primer lugar podemos solarizar o hervir el agua. El llevarla a punto de ebullición mata la gran mayoría de bacterias que en ella pueda haber (esto a mi no me gusta mucho, para las infusiones y nada más). La solarización consiste en dejar el agua en un gran tarro en donde le incide la luz directa del sol, a las 24 horas el cloro (si es del grifo) ya se ha evaporado. Según la medicina Ho`oponopono el agua acentúa sus propiedades sanadoras si la solarización se lleva a cabo en un recipiente azul (también sirve envolver el tarro en celofán azul). Pero esto es una cuestión más energética. Hay que poner una tela o muselina sobre el tarro para dejar salir gases y para evitar que entren insectos o polvo.
Tras este proceso ya podemos verter el agua en el filtro. Existen muchos tipos de filtros, pero básicamente todos funcionan del mismo modo: distintas capas de materiales por donde el agua va pasando, las impurezas del agua quedan retenidas en estos materiales.
El filtro que yo he fabricado cuenta con capas de piedras, grava, arena y (lo más importante) carbón activo.
Ya que me puse quise hacer algo bastante artesano, así que fui a ver a un vecino alfarero de mi pueblo, que fue célebre por su alfarería pero que hoy en día esta algo olvidada. Y le compré dos recipientes de barro, uno de ellos para verter el agua sin filtrar y el otro para el agua ya filtrada. Esta creo que fue la parte que más tiempo me llevó, pues tuve que ahorrar para poder comprarlas.
Pero una vez con las tinajas, la cosa no fue más fácil. Me las deseé para poder encontrar grifos pequeños que poder ponerles. Necesitaba dos. Tras un par de meses buscando mi madre me dio uno que había por casa y el otro… bueno el otro me lo curré haciendo un mini-taladro al corazón de una rama de olmo. Un trabajo delicado, pero que mereció la pena.
También y con ayuda de mi padre (que suelda mejor que yo) hicimos una estructura con que colgar de la pared la cantarilla para el agua aún no filtrada. A esta estructura también le di un toque decorativo de esparto. Para soportar la tinaja donde caerá el agua filtrada use la base metálica de un aguamanil que estaba usando como macetero.
Para hacer los taladros a las vasijas hay que tener mucho cuidado, hacerlos muy pero que muy despacito. Tras hacerlos, mi consejo es usar directamente la broca del tamaño que se quiera dar a agujero y hacerlos con las piezas secas.
También me hice con unas maderas de palets una tapa para la vasija grande, con un agujero en el que encajar la botella de vino que he usado para el filtro.
Esta botella de vino es el recipiente más importante, el lugar en el que colocaremos los materiales que nos servirán para filtrar el agua. Para este he usado una botella transparente (esto por vosotras, para que podáis verlo mejor) a la que le he cortado el culo. ¿Cómo? Una vez lo vi en un vídeo (aquí de nuevo) y siempre he querido hacerlo: llenamos un cubo con agua fría, cortamos un cordel de algodón un lo enrollamos alrededor de la botella (cerca de la base), cogemos una botella de alcohol etílico y empapamos bien todo el cordel que rodea la botella, le pegamos fuego al cordel, esto creará un anillo de fuego en torno a la base de la botella, dejamos unos segundos que la base de la botella se caliente bien e inmediatamente la introducimos en el cubo de agua fría. ¡Clac! La diferencia de temperatura hará que la botella se parta horizontalmente. Mi corte perfecto me salió a la segunda, que conste. Para que el borde del filtro no cortase y por que me apetecía hice con esparto una especie de protector.
Estos recipientes son los que yo he usado, pero podríamos encontrar otros, más grandes o más pequeños, con otras formas, incluso dividir el filtro en varios recipientes distintos. El diseño esta en vuestras manos. Os invito a investigar sobre este tipo de filtro (filtro Sinaí). Tras tener listos los recipientes pasé al filtro propiamente dicho, para el cual había ido reuniendo materiales poco a poco; os los enumero por orden.
– Los cuarzos y las piedras gruesas las he ido coleccionando a lo largo de años de viajes; montañas celtas, tierras íberas, playas de todas las costas, ríos y arroyos me regalaron sus preciosos minerales en algún momento. ¡Piedras mágicas y sagradas que recogía llevado por la energía del momento! Sabía que algún día volvería a darles vida.
– La siguiente capa de piedrecitas más pequeñas las recogí de los alrededores de mi pueblo, selecciónandolas por su tamaño.
– Luego una capa de grava, que conseguí de unos restos sobrantes de una obra. Para que estas capas más finas se compacten bien, podemos ayudarnos prensandolas con el mortero.
– La capa de arena también la conseguí de una obra (cogí un puñado mientras pasaba).
– No pude conseguir un piedra pómez, pero en su caso recibí de un amigo otro tipo de piedra porosa: unos restos de las piedras abuelas volcánicas que usa para los temazcales, una vez estas han quedado ya reducidas y fragmentadas tras el calentón.
– El carbón activo fue un regalo (o un trueque) de unas amigas cercanas que lo producen y comercializan. Este es el enlace donde podréis adquirirlo, aparte de otros tantos productos simbióticos maravillosos para reforzar nuestro bioma: www.microviver.com
– Y por último una preciosa orgonita, regalo de esta gran amiga que me dio la idea para el filtro. Eva, mi corazón te manda un rayo más de luz para iluminar tu viaje y tu destino.
Para finalizar, al recipiente contenedor del agua, le hice un bonito dibujo. Una decoración sin apenas importancia. El resultado fue el siguiente:
El taco de madera lo coloqué por que el grifo es pequeño, el agua cae despacio y así no tengo que estar agachado mientras se llena la cantimplora.
Este filtro no es para siempre. Cada 6 meses ha de reemplazarse la arena y el carbón activo, a fin de que las impurezas no saturen el filtro y este siga cumpliendo su función. Las piedras también deben cambiarse, pero estas una vez cada varios años.
Espero que os guste y que os sirva para inspiraos en la fabricación de ingenios hídricos. Existen muchas formas de hacer de las aguas que bebemos mucho más limpias y saludables, esta es solo una de ellas. No tenemos (ni debemos) que recurrir a empresas de agua embotellada o caros servicios y sistemas. La intención de luchar por tu salud es algo que solo depende de ti. Así que respira hondo, bebe mucha agua u cuídate.
